“Colegios 2022”, bases programáticas de nuestros centros

La sección educativa del apostolado está metida en harina. Casi podíamos decir que no hemos parado, pues ni tan siquiera ha terminado el curso, todavía no han llegado los nombramientos oficiales y nosotros estamos perfilando los proyectos del futuro.

A tal efecto nos hemos reunido en Valladolid los responsables directos de orientación y secundaria de Zaragoza y Valladolid para analizar la marcha del curso, evaluar resultados y, sobre todo, programar el plan de acción para nuestros centros en España, que hemos querido proyectar hasta la llegada del nuevo capítulo, en el 2022.

Ya el año pasado sufrimos cambios significativos ante la pérdida de religiosos educadores y la baja presencia de frailes en la educación. Antes del capítulo se han presentado nuevos estatutos y un nuevo organigrama, cambiaremos de plan y de proyecto, pero intentando mantener la educación de calidad que siempre nos ha caracterizado.

Y ese es el motivo de la reunión tenida entre los departamentos y la coordinación de secundaria, que tuvo su inicio con los miembros de infantil y primaria en Zaragoza hace un mes. En ambas reuniones se perseguía el consenso de los responsables directos de la formación para establecer unas líneas estratégicas en nuestros colegios y con nuestros docentes. Y, aunque no han podido acudir los del colegio de Chiclana, no han estado ausentes de la misma, pues hemos estado en contacto con ellos y nos han enviado sus aportaciones y directrices que se han unido a las obtenidas en la reunión.

Dos son los puntos básicos que se han establecido y resaltado de las seis líneas estratégicas que se han presentado para nuestros centros: las comunidades de aprendizaje y la neuroeducación agustiniana. En la primera deseamos resaltar la filosofía de San Agustín incorporada a modelos pedagógicos en auge hoy en día, como puede ser el método colaborativo y el trabajo por proyectos, que se irán guiando desde la nueva aula de innovación que se pondrá en práctica a partir del curso que viene.

La neuroeducación agustiniana aportará al educador una visión distinta del niño y su entorno, permitiéndole trabajar desde la empatía, la comprensión, la compasión y la bondad, haciendo de la tarea de aprender y enseñar un arte, un espacio de salud y desarrollo, donde el amor, la motivación, la responsabilidad y la disciplina positiva serán sus ejes fundamentales. Además, añadimos un ingrediente fundamental, la educación de la interioridad. La Neuroeducación combinado con la interioridad, son un seguro para el futuro de las sociedades venideras. Esta ciencia nos invita a plantearnos la importancia de comenzar desde el interior, por uno mismo y expandirse hacia fuera, a nuestra comunidad educativa y al Mundo.

Bueno, pues estos son nuestros deseos y, como decía San Agustín, “orad para que los cumplamos”.

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