Carta del P. Miguel A. Peralta desde la misión de Lábrea
Lábrea, 12 de Febrero de 2005
Queridos amigos de Apal:
Saludos desde el paraíso terrenal amazonense de Lábrea. En esta noche que os acordáis de nuestra gente, que también es la vuestra, queremos que sintáis nuestro agradecimiento y la eficacia de vuestra generosidad. El bien que APAL ya ha hecho en la misión de Lábrea solo Dios sabe. Porque es verdad que el bien no hace ruido.
Sabemos que este año estará ahí el P. Juan Cruz Vicario, veterano guerrero de estas selvas y “navegador” de estos ríos. Creo que no es casualidad que de los nueve misioneros que estamos aquí más de la mitad hemos pasado por San Agustín como estudiantes y cuatro, incluido el obispo Monseñor Jesús Moraza, como educadores. Hasta el P. Javier Jiménez, uno de los idealizadores de APAL está con nosotros. Con cariño suelo decir que aprendí a sacrificarme en las “misiones del Pisuerga”.
Durante el año 2004 tuvimos una grande alegría. El ayuntamiento de Lábrea unió el Centro Esperanza al mundo via internet, gratis. Así, hemos podido acompañar todo el año las actividades del Colegio San Agustín, os hemos visto en las fotografías, hemos seguido las celebraciones, sentido vuestras preocupaciones, nos hemos visto también… Ahora, además de llevaros en el corazón, os tenemos siempre a la vista.
Parece que estamos en un sueño. La incomunicación ha sido hasta ahora un grave problema en esta inmensa floresta y en otras parroquias lo sigue siendo. Cuando escribo estas letras, las parroquias de Tapauá y Pauiní están incomunicadas con el mundo, solamente una vez al día por la radio “fonía”.
Solamente Dios puede retribuir vuestro cariño, oración y generosidad por nuestra gente pobre. Nosotros seguiremos anunciando el Evangelio y como señal de la presencia de Jesús, luchando contra el hambre de pan y cultura.
Que el Señor bendiga a vuestras familias.
Un abrazo
Miguel Angel Peralta
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