Carta desde Tapaúa del padre Chimeno
Como quiera que, por una parte, imagino que tanto Peralta como Toño os habrán saturado con infinidad de documentos y proyectos, de informaciones y peticiones (¿me equivoco?); y como, por otra parte, vais a tener el privilegio de escuchar en directo las palabras de Juan Cruz, testigo directo de la misión de Lábrea durante más de 20 años, los 6 últimos en Tapauá, el lugar en el que yo estoy trabajando desde hace año y medio, me ha parecido oportuno enviaros algo diferente: un pequeño cuento, de cosecha propia, con moraleja. Ojalá consiga entretener a alguno un momento, hacer pensar a bastantes un rato y animar a todos para continuar colaborando con nuestra misión.
Sí quiero, porque es de justicia, agradecer vuestra generosa ayuda del año pasado, que –como en su momento os informamos- fue empleada en pagar la deuda que teníamos por la construcción del pabellón deportivo cubierto del Centro Esperanza. Para este nuevo curso, que comenzaremos el próximo 28 de febrero, queremos inaugurar las instalaciones del Nuevo Centro Esperanza, con más alumnos (120 chicos y chicas de entre 12 y 18 años), con más oficinas y talleres (vamos a estrenar el aula de cocina), con más gastos... y con las mismas ayudas oficiales. Menos mal que detrás siempre están los amigos, dispuestos a echar una mano. Menos mal que, en retaguardia, estáis vosotros, nuestr@s amig@s de APAL.
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