Centenario de San Ezequiel, misionero y santo
"Cuyo incontenible deseo de anunciar a Cristo guió todos los pasos de su vida" (Juan Pablo II).
La forja de un misionero (1848-1869)
Ezequiel nació en una familia que se distinguía por su laboriosidad, honradez y piedad. A la pregunta de la sacristana de las dominicas, donde era monaguillo ¿tú qué piensas ser?, respondió decidido: -Yo, fraile. -¿Tú fraile, tan calandrajo? ¿Para qué te quieren en el convento? -¡Ya me pondré un sombrero de copa para parecer más alto!
Fue misionero por vocación personal y por pertenencia a una comunidad de antigua raigambre misionera.
En la profesión de su hermano Eustaquio en Monteagudo, tomó la firme decisión de ser misionero en Filipinas. En Manila termina su preparación y es ordenado sacerdote el 2 de junio de 1871. Se estrena como misionero en Calapan (Mindoro), y a los siete meses en la difícil isla de Paragua y evangeliza en otros ministerios. Para los filipinos es "el santulón", el hombre santo. Su recuerdo quedó grabado profundamente.
Misionero en Colombia
Tras un período de tres años en Monteagudo, marcha a Colombia con un puñado de voluntarios.
Pero en su interior bulle constantemente la inquietud misionera. Recuerda Casanare, allí "donde tanto trabajaron y tan grata y gloriosa memoria dejaron" los agustinos recoletos. En cuanto puede, durante cuatro meses, recorre aquellas inabarcables planicies acompañado de tres religiosos. No llegaron a dos años lo transcurridos en Casanare, pero dejó una huella imperecedera. Como él dirá, "hago de obispo, de misionero y de sacristán". Orocué, Támara, Sabanalarga... ¡Qué ardiente deseo de llegar a todos para que descubran a Cristo!
El complejo mundo de Pasto
De 1896 a 1906, ya como obispo de Pasto, guía a sus fieles con todos los medios a su alcance. Ocupa un territorio extensísimo, con los mayores contrastes geográficos. Motiva a padres y maestros en su labor educadora; promueve el culto y las devociones; fomenta la construcción de iglesias y santuarios; escribe y propaga ediciones de pastorales y folletos para la instrucción de los fieles, comienza la visita a todas las parroquias de su extensísima diócesis. Regresaba tras semanas de actividad por malos caminos, posadas pésimas, con incontables privaciones, cansado y enfermo.
También el obispo de Pasto tuvo ocasión de mostrar su amor a las misiones. El abandono de vastas zonas de su inmensa diócesis hirió su corazón de apóstol apenas puso pie en ella.
En el año de las misiones
El centenario de San Ezequiel, modelo de misionero, se enmarca en la celebración del año de las misiones de los agustinos recoletos y que conmemora los 400 años de la llegada de la primera expedición de nuestrosw frailes a las islas Filipinas tras un viaje de 11.000 kilómetros.
En mayo de 1606, 13 recoletos desembarcaban en Manila después de meses de un viaje plagado de dificultades. Era el comienzo de una de las gestas evangelizadoras más bellas de la historia de la Iglesia.
Por si fuera poco, en 1506 nacía San Francisco Javier, jesuita navarro, patrono de las misiones católicas.
Modelo de evangelizador
Juan Pablo II quiso canonizar a un santo que simbolizara la gigantesca obra de la evangelización de América.
Y eligió a san Ezequiel Moreno. El 11 de octubre de 1992, víspera del quinto centenario del descubrimiento, en Santo Domingo, en el marco de las solemnes celebraciones del V Centenario de la evangelización de América, ante más de trescientos obispos y miles de fieles, proclamó que Ezequiel "en su vida y en su obra apostólica compendia admirablemente los elementos de la efemérides que celebramos.
En efecto, en su vida aparecen España, Filipinas y América Latina como los lugares en que desarrolló su incansable labor misionera este insigne hijo de la Orden agustina recoleta....
El nuevo santo se nos presenta ante todo como modelo de evangelizador, cuyo incontenible deseo de anunciar a Cristo guió todos los pasos de su vida
P. Javier Legarra






