Pedro Pablo Conde Parrado
Breve semblanza biográfica
Nací en 1968 en Castronuño (Valladolid). Todos mis estudios desde primero de E.G.B hasta C.O.U.(de los 6 a los 17 años, etapa clave en cualquier vida) los hice en el San Agustín. Tuve el honor de formar parte de la "gloriosa" primera promoción de C.O.U. en el colegio (1985-86). Estudié Filología Clásica en la UVA de 1986 a 1991. De 1992 a 1995 viví en Soria, un paraíso, trabajando como profesor en su Colegio Universitario, hoy Facultad de Traducción e Interpretación. Desde 1995 soy profesor de Filología Latina (actualmente Titular) en la Facultad de Filosofía y Letras.
Tu familia, muy unida al San Agustín
Sí, somos tres hermanos varones y los tres pasamos la mayor parte de nuestra infancia y adolescencia en el Colegio; y muchos días desde la mañana hasta casi la noche, pues nos quedamos durante varios cursos a comer en él: algo que siempre agradeceré, pues fomentaba en gran medida la relación con los compañeros tanto de tu clase, como de tu curso, como de otros.
En mi caso, al ser el mayor, debía ir "abriendo camino" y dar ejemplo a mis hermanos.Me consta que Fernando y Cristian también recuerdan con gran afecto el Colegio. El primero de ellos fue, además, profesor en él durante un periodo de tiempo breve, pero que guarda en su memoria con mucho cariño.
Desde cuándo tu afición a las lenguas clásicas
Es curioso, pero tuve muy claro desde muy pronto que me dedicaría a ellas. A mí me atraía el latín aun antes de empezar a estudiarlo; ello se debe a que en mi casa se hablaba de esa lengua como de algo casi "mítico". Se me decían cosas tales como que, si quería dominar el castellano, tenía que conocer bien la lengua de la que se originó. Y para mí el dominio de la lengua ha sido siempre prioridad y necesidad: sin eso no se puede llegar muy lejos, aunque algunos piensen otra cosa... Con el tiempo y con mis estudios me he ido dando cuenta de que esa razón que se me daba en casa no es del todo exacta: si hay que dominar el latín no es porque sea "madre" del castellano y de las demás lenguas romances (yo no estoy muy de acuerdo con esa visión), sino porque en el momento en que elevamos mínimamente el nivel de nuestra conversación, cuando pasamos de la expresión de las necesidades básicas, casi animales (comer, beber, cubrirnos, cobijarnos y reproducirnos), a un plano abstracto (y, como humanos, lo hacemos todos muchas veces al día), lo que hablamos es, en realidad, latín y griego. Se lo puedo demostrar a quien lo ponga en duda...
Aquel equipo juvenil fue legendario con de La Horra, Movellán, Pachi Floro, Grañeda...
Por supuesto. Todo era cuestión de saber repartir el tiempo entre estudio, deporte y diversión. Aquello era una auténtica "edad de oro", pues, de esas tres cosas, digamos que sólo el estudio era obligación (para con uno mismo y su futuro, sobre todo); el deporte era medio obligación y medio "devoción", y de la diversión siempre fuimos bastante "devotos". El deporte, el fútbol en mi caso, fue otra mina de satisfacciones, no tanto por los triunfos, que nunca fueron fulgurantes (precisamente porque también teníamos que estudiar y divertirnos), cuanto por la unión y la amistad que lográbamos forjar partido a partido. Fue una generación de grandes personas (todos) y de grandes estilistas del balón (unos cuantos, yo no). A los citados en la pregunta añadiría algunos nombres, no sólo de jugadores (Javi Rojo, Alberto Melgar, Ángel Vallecillo, "Ricky" Barbero, los Salazar, Chuchi "el Gordo" y tantos), sino también de entrenadores y utilleros (Curro, Paco, Aniceto, Mariano, el hermano Enrique, que era nuestro ángel guardián...): a ellos debemos en gran medida el logro de habernos hecho mejores, en todo, desgañitándose desde la banda.
Sabemos que aprecias la solidez de la educación recibida
Los recuerdos son casi infinitos y, salvo la bofetada, que no merecía, de una profesora (era en 2º de E.G.B. y me acuerdo de ella no tanto porque me la dieran cuanto por lo injusta), todos excelentes. Recibí una educación seria, bien fundamentada, racional, nada dogmática, nada elitista, amena y humana. Mi formación posterior me ha permitido y obligado a toparme muchas veces con aquel obispo norteafricano, súbdito de Roma cuanto ésta se derrumbaba, llamado Agustín, y he podido comprender lo que ha significado para la cultura de Occidente: ha sido nada menos que su ideólogo, quien diseñó el sistema educativo que iba a regir durante más de un milenio y que nos determina profundamente hoy en día; por eso en todas las asignaturas que imparto tengo que dedicarle bastante espacio. Además, él fue la base de una corriente de pensamiento y una forma de vivir con la que me siento plenamente identificado y que actualmente debería ser mucho más atendida para tratar de enderezar el rumbo de este mundo: el humanismo cristiano, es decir, la fusión y síntesis de lo mejor de la ética grecolatina con el mensaje evangélico. Llevarme a un colegio en el que, con el tiempo y de manera retrospectiva, he visto clara esa huella ha sido de lo mejor que mis padres han hecho por mí.
Un profesor de clásicas escribiendo en el periódico sobre el botellón. De raza le viene al galgo...
Sí, mi padre y mi hermano Fernando escriben con relativa regularidad en la prensa; creo que lo hacen bien y se lo alabo. A mí, aunque sé que tengo abiertas esas puertas, me cuesta mucho dar ese paso, porque me parece una grave responsabilidad ante los lectores: cada uno es único, con sus propias ideas, su historia, sus vivencias; esa forma de comunicación no termina de satisfacerme, pues me veo como un privilegiado que puede exponer sus opiniones antes muchas otras mentes que no pueden replicar: yo prefiero el diálogo, la confrontación de ideas "en directo"; que a mi tesis otro u otros opongan su anti-tesis y logremos una síntesis. Aunque a veces la indignación, que para mí es uno de los más potentes motores de la literatura, te obliga a romper esos prejuicios y a mojarte: eso me sucedió cuando supe que un día iban a cerrar mi Facultad porque una panda de niñatos se había citado para cogerse un "pedo" colectivo, así sin más, junto a ella. Aquello lo escribí de un tirón, en media hora. Casi todos los días me planteo escribir en protesta contra algo, pero al rato se me pasa. Ese día no se me pasaba y salió...
La cultura humanística y las lenguas clásicas se encuentran en horas bajas. Tu diagnóstico.
Muy negativo. Soy muy pesimista al respecto. Creo que la civilización occidental está a las puertas de una nueva "Edad Media". Vivimos demasiado confiados y seguros. Creemos que, con toda nuestra técnica, nuestros ordenadores, CDs, DVDs, Internet, etc etc., la memoria de este tiempo (es decir, nuestra huella en el futuro) está asegurada, que dentro de muchos milenios cualquiera podrá saber de nosotros tanto o más que nosotros mismos hoy, gracias a esas casi inagotables fuentes de almacenamiento de datos. Pero yo a mis alumnos procuro hacerles reflexionar al respecto con esta pregunta: ¿cuántos ordenadores, cuántos elementos informáticos quedaron operativos entre los escombros del World Trade Center el 12 de septiembre de 2001? Pues aquello fue el primer aviso, la primera escaramuza de una contienda que tal vez no esté muy lejana y que podría hacer de todo o casi todo el planeta una "zona cero". A Europa le ha costado más de un milenio y medio recuperarse del catastrófico hundimiento del mundo grecolatino, en un largo período de renacimiento que ha durado casi hasta "ayer por la tarde". Si el personal tuviera mínima conciencia de lo que supone una etapa de "Edad Media" en la historia, quizá la cultura humanística, que es su contrario y su mejor antídoto, tendría hoy alguna posibilidad, pero no parece...
Como profesor estás en situación de comparar la preparación inicial de tus alumnos con la tuya...
Lo cierto es que casi tres lustros de docencia, sobre todo en este período crucial en la historia de la Educación en España, brindan una perspectiva bastante clara. He observado, como la mayoría de mis compañeros, una paulatina degradación que empieza a tocar niveles de escándalo, y ello debido a muchas razones y con muchos responsables del ya casi inevitable desastre. No hay espacio aquí para exponerlo, pero me consta que el profesorado es la parte menos culpable y, quizá, la más culpada de una situación a la que nos ha abocado una pandilla de memos -eso sí, "democráticamente" elegidos- guiados muchas veces por pedantes pedagoguillos con las molleras atestadas de Piaget y compañía, pero que ni siquiera saben quién era un tío de Calahorra llamado Quintiliano y menos qué dejó escrito hace dos mil años sobre la educación. Lo más atrás que se remontan es al nefasto Rousseau, por lo que nuestra labor parece ser que consiste en hacer cada vez "mejores salvajes"... Lo peor que veo en mis alumnos -y lo que más les afeo- no es la calidad y cantidad de datos que ignoran, sino el hecho de que les da exactamente igual saberlos o ignorarlos.
La inopia intelectual ha dejado de ser motivo de sonrojo, dados los "modelos" que se le están planteando a la juventud en los medios de comunicación.
Creo que la mayor y más peligrosa diferencia con "nosotros" no es que tuviéramos una formación mucho más amplia y profunda: es esa indiferencia y esa falta total de vergüenza ante la propia ignorancia.
Tus publicaciones, Pedro
Voy a citar sólo dos libros, de entre los más recientes. Ambos son fruto del esfuerzo colectivo con otros compañeros de la Universidad, y no sólo de Valladolid. Es un modo de trabajar que me gusta mucho, por muchas razones. El primero es Antiquae Lectiones. El legado clásico desde la Antigüedad hasta la Revolución Francesa, publicado por la editorial Cátedra (Madrid 2005), y el segundo Orfeo XXI. Poesía española contemporánea y tradición clásica, publicado por la editorial Llibros del Pexe (Gijón 2005).
Tu cometido exacto dentro del mundo de las publicaciones de la Universidad. Seguro que disfrutas más impartiendo clases...
Desde julio de 2006 dirijo el Servicio de Publicaciones de la UVA, en el que tengo que coordinar y supervisar todo cuanto publica la institución, que, en su mayor parte, son trabajos de sus profesores, además de varias revistas científicas. Tengo la suerte de contar con un excelente, aunque insuficiente, equipo de colaboradores, personal del que estoy aprendiendo mucho. También cuento, claro, con comités asesores que me orientan sobre la calidad de los proyectos de publicación... Mi "descanso" son precisamente las clases. Enseñar, junto con la lectura y la conversación, es lo que más me gusta, con mucho. Es un placer y una devoción, pero también una enorme responsabilidad, porque, como leí una vez, "un profesor trabaja para la eternidad": nunca sabrá hasta dónde ni por qué vías llegará el efecto de lo que está enseñando en aquel a quien se lo enseña, que, a su vez, quizá se lo enseñe a otros, y así in aeternum.
Debo decir, además, que de la docencia aprendo tanto o más que de todas las lecturas empleadas en prepararla: muchas veces, algo que no terminaba de entender bien en los libros, lo he visto muy claro justo en el momento en que me he visto obligado a enseñarlo.
Siempre se dice que los amigos del colegio siempre están ahí
En mi caso, así es. Si logras cuajar una amistad auténtica y profunda con un compañero (o más incluso) de tu clase, tienes en él al hermano de tu misma edad que es imposible que tengas, salvo que seas gemelo o mellizo o siamés o clon o... (a ver qué otra bobada inventamos mañana con esto de la genética): alguien, pues, que cubre ese hueco afectivo que no llenan ni tus hermanos ni otros amigos en cuya compañía nunca habrás podido pasar tantas horas, buenas y menos buenas, como con un compañero de clase.
En mi caso, ese compañero se llama Óscar de la Horra. los últimos tiempos.Ahora vivimos a setecientos kilómetros de distancia uno de otro, pero es y será mi hermano. Hace un par de meses, aprovechando una de sus visitas a su ciudad (ésta), quedamos con antiguos compañeros del equipo de fútbol del colegio para cenar Fueron, entre cena y copas, casi cinco horas de conversación y diversión, de mucho pasado y también, Deo volente, de mucho futuro. Al final de esa noche, todos coincidimos en que había sido uno de los momentos más felices que habíamos vivido en los últimos tiempos.
Aprovecha para saludar
Además de a los de esa maravillosa cena (ellos saben), a todos aquellos que hayan estado o estén vinculados de alguna manera con un colegio excelente y ya tan vallisoletano como es el Colegio San Agustín (es curioso, pero cuando lo nombro, siempre me viene a la memoria, como un estribillo, aquello de "Carretera de Madrid, km. 187").





