Colegio San Agustín
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Encuentro EAV´s



Desde hace unos años los equipos vocacionales de las casas que la Provincia de San Nicolás de Tolentino tiene en España, realizan un encuentro formativo anual “por zonas” geográficas. El pasado 24 de marzo tuvo lugar en la parroquia de Nuestra Señora de Buenavista, en Getafe (Madrid) el Encuentro de la zona centro que comprende los ministerios de Valladolid y Madrid.

Acudieron un total de 18 agentes vocacionales. Unos procedían de las parroquias madrileñas Santa Rita y La Elipa y de la de Nuestra Señora de Buenavista, en Getafe, otros de la Casa de Formación San Agustín de Las Rozas (Madrid) y otros del colegio San Agustín de Valladolid. Todos ellos estuvieron acompañados por Marciano Santervás, presidente del Secretariado de Pastoral Vocacional; Santiago Gómez, orientador en Getafe; Juan Carlos Avitia, orientador en Santa Rita; Juan Luis González Ríos, orientador en el colegio San Agustín de Valladolid; y el laico José Ignacio Sánchez Carazo, promotor vocacional.

Tras el recibimiento y la bienvenida se comenzó la reunión con una oración que recordaba que la vocación se extiende a la vida entera. Acto seguido Juan Carlos y José Ignacio tomaron la palabra, ya que eran los encargados de preparar y dirigir el Encuentro.

El tema elegido fue: Pastoral general y pastoral vocacional. La implicación de los EAV en la pastoral de la parroquia o colegio. La finalidad era exponer cuáles son las tareas prácticas que debe desarrollar todo equipo para que de manera concreta se impliquen e incidan en el ministerio en que trabajan.

La charla, a cargo de José Ignacio Sánchez Carazo, estuvo divida en dos partes: En la primera se buscaban propuestas concretas y en la segunda actitudes básicas para no caer en el desánimo. Las palabras vertebradoras de toda la reflexión fueron, según el autor, comunión y esperanza. Sólo el que trabaja en equipo y con esperanza puede esperar algo. La espera agranda el corazón y genera en él una tensión que crea vida.

Una vez que el ponente terminó su exposición, los presentes se distribuyeron en tres grupos para reflexionar sobre dos cuestiones concretas que el mismo José Ignacio propuso. El trabajo en pequeños grupos dio lugar a un intercambio de experiencias personales, fruto del trabajo ordinario en cada ministerio. Cada grupo, en la reunión plenaria, presentó algunas propuestas concretas de implicación de los EAV en la pastoral general y en la misión compartida entre los religiosos y los laicos. En este último punto afloraron una vez más las reticencias de algunos pastoralistas clérigos ante el trabajo y participación de los laicos en la pastoral.

La presentación de los materiales para la celebración de la semana vocacional-agustiniana, y su valoración, tenía un lugar reservado dentro de las actividades. La conclusión a que se llegó fue que no cabían las excusas para que en una casa no se celebre la semana vocacional por falta de materiales que, en opinión de los asistentes, son variados, abundantes y pensados para situaciones muy distintas. Por esto, ya están en poder de los orientadores vocacionales locales los guiones litúrgicos, junto con otros materiales pensados para la oración que por la mañana tienen en los colegios; se ha publicado un documento en pdf con materiales explicativos del cartel vocacional de este curso; se ha elaborado un montaje vocacional titulado “Carta a Dios”; y pronto aparecerá el número 89 de Canta y Camina, dedicado por completo al tema vocacional. Se reconoce el esfuerzo que los miembros del Secretariado y la Comisión de Publicaciones han hecho para que todo esté a punto.

La celebración de la Eucaristía, presidida por Marciano, fue otro momento fundamental del Encuentro. El presidente comenzó la celebración recordando una de las frases redondas de la ponencia: La conversión como camino de vivir la vocación, y en la homilía recordó la necesidad de dejarse sorprender y acoger las constantes llamadas que el Misterio divino hace a cada uno.

Tras el recogimiento y la plegaria en común llegó el momento de la convivencia en torno a la mesa, bien surtida de variados y abundantes manjares que cada EAV llevó al Encuentro para compartir con los demás. Pero la casa anfitriona no pudo pasar desapercibida: su esplendidez entraba por los ojos menos atentos y por la boca de los más inapetentes, que no en vano daban en el reloj las 14,30 horas.

Terminó la comida y, aunque la sobremesa no pudo alargarse debido a que unos tenían que hacer su viaje de regreso y todos tenían que volver a sus actividades habituales, todavía hubo unos momentos para las fotos en las más diversas combinaciones. En el saludo final de despedida no faltó un gracias a la comunidad de Getafe.






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