El centro agustiniano, motor de evangelización
Los Agustinos Recoletos españoles celebramos el Encuentro de comunidades educativas agustino-recoletas de España. Lo hicimos en el colegio Agustiniano de Madrid, los días 14 y 15 de abril. El evento fue presidido por el P. Javier Guerra, General de la Orden, tenía como objetivo prioritario la reflexión sobre el Ideario Agustino Recoleto y el estudio y posterior confección del Proyecto Educativo de Centro, en cumplimiento de la Ordenación 14 del último Capítulo General celebrado en Roma el año 2004.
En su discurso de apertura el P. Javier Guerra destacó la gran labor que vienen desempeñando nuestros centros educativos a lo largo del todo el mundo con los, aproximados, 80.000 alumnos que se forman en ellos. "Labor educativa y labor evangelizadora en la Proclamación constante de la Buena Noticia del mensaje cristiano, que es nuestra dicha y es la identidad más profunda de nuestro quehacer educativo... La evangelización interpela a la educación a través del hombre, y el hombre es la primera tarea de la evangelización... El campo de la cultura es el campo propio del colegio, lo específico del colegio agustiniano es abrirnos desde la cultura al anuncio de Jesús. Nosotros educamos evangelizando y evangelizamos educando".
A continuación, Dn. Abilio de Gregorio, catedrático jubilado de un Instituto salmantino, especialista en la confección de modelos educativos y gran conocedor de la familia agustiniana, disertó y encandiló a los presentes con su primera ponencia sobre "El Proyecto Educativo de Centro". ¿Tiene sentido la escuela católica hoy en día? ¿Qué es lo específico de nuestra escuela? ¿Puede aportar algo la escuela agustiniana en el gran marco de la educación? Nos recordó el origen de la escuela católica, que nació como alternativa a la educación racionalista de la Ilustración y que debe seguir siendo alternativa en la transmisión del saber y de los valores. Tres son los elementos imprescindibles para un adecuado funcionamiento de la estructura escolar: el proyecto educativo, el grupo humano y una organización fuerte que lo lleve a la práctica. En la actualidad ha cambiado el grupo humano, que de ser casi exclusivo de vida religiosa, está pasando a nutrirse de laicos y seglares comprometidos. Si la escuela nació para ser signo de Dios en el mundo de la enseñanza y durante mucho tiempo la encarnaron los "sacrificados religiosos", hoy día los seglares han de ser el relevo eficiente, en la misión compartida con el carisma agustiniano, para ser paradigmas de lo bueno y buscadores incansables de la verdad.
La segunda ponencia se estructuró en torno a la "Comunidad Educativa", imprescindible para poder cumplir la tarea evangelizadora y académica en cualquier centro católico. Para un centro agustino, además, la comunidad es el signo más elocuente de su misión. Paradigma en el que los jóvenes encuentran su identidad más profunda. Los adolescentes tienen demasiados espejos que le devuelven su imagen, distorsionada o esquizoide en muchos casos. Necesitan valores unificadores y profesores entregados que sepan construir un mundo a la medida de las necesidades del Evangelio. Educadores que colaboren con los titulares de los centros no como meros colaboradores o en función de apoyo al ideario, sino comprometidos en su vida y que asuman como propia la educación que imparten desde su específico prisma del compromiso seglar. Ni tienen que ser clones de los consagrados ni deben ser meros auxiliares de su labor. Los responsables de los centros deben estar muy atentos para que sus agentes no sean referentes cruzados ni contradictorios, sino que impulsen valores unificadores e integradores. "El vendaval no tira nunca a los juncos porque poseen raíz profunda y tallo flexible". Algo así debe ser nuestra educación y nuestras comunidades.
La tercera conferencia del Encuentro,"La pastoral en nuestros centros educativos", la impartió el P. Miguel Ángel Ciáurriz. Hizo un pequeño recorrido histórico, presentó³ ligeros datos de nuestra presencia educativa, con 53 colegios a los que atienden 181 religiosos, que suponen el 17% del total y que llegan a unos 80.000 jóvenes. A través de la metáfora "del regreso a Galilea", en la experiencia pascual de los apóstoles y "su vuelta a Jerusalén", nos animó a todos los asistentes a recuperar la audacia renovadora de Abraham, en horas de ancianidad, para retornar al primer entusiasmo y reencontrar la presencia de Jesús en nuestras anquilosadas aulas, "porque no es cuestión de actualizarnos sino de reilusionarnos". Debemos hacer la experiencia de los discípulos de Emaús: tras descubrir al Señor, retornar al Cenáculo y comunicarlo a los demás. No debemos quedarnos en Galilea sino regresar a Jerusalén, ahí esta nuestro reto: retomar redes nuevas y "del Babel educativo alcanzar el Pentecostés de la educación". En esa tarea no estamos solos, el Señor nos acompaña, aunque no le reconozcamos, y la presencia de nuevos caminantes harán más fecunda nuestra misión. Las Fraternidades seglares y las Juventudes Agustinianas (JAR) serán acompañantes de esta nueva peregrinación.
Los trabajos en grupos, la Eucaristía, amenizada por el coro de estudiantes del Colegio Agustiniano, las experiencias educativas de las Provincias de Nuestra Señora de la Candelaria de Colombia y la de San Ezequiel de Filipinas, el nuevo disco del P. José Manuel González Durán sobre las Confesiones de San Agustín y las amenas y brillantes palabras del P. Jesús Lerena en el acto de clausura, ofrecieron los acordes singulares de esta bella partitura que ahora deben interpretar todos nuestros educadores en los múltiples centros educativos de la Orden. Algo sí ha quedado claro: la educación continúa siendo un reto importante para los Agustinos Recoletos y hoy, más que nunca o al menos tanto como ayer, la educación es un vehículo privilegiado para evangelizar al hombre, a este hombre moderno y contemporáneo que parece haber perdido el norte de su vida y que, en su pretendida autosuficiencia, intenta acabar con el mismísimo Dios. Otros ya lo intentaron en el pasado, pero nosotros continuamos testimoniándole en el presente. Que el Señor nos bendiga e ilumine.





