Colegio San Agustín
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Segundo contenedor a Sierra Leona


19/06/2007

 

Cuando en el mes de septiembre el P. José Luis Garayoa  visitó al Colegio San Agustín de Valladolid y nos propuso que apoyáramos  a la misión de Kamabai en Sierra Leona, ni los más optimistas llegaron a imaginar  todo lo que se ha ido alcanzando a lo largo de estos meses. Nos contentábamos con apadrinar algunos chicos/as de la misión y poder financiar la construcción de un pozo en cualquiera de sus aldeas. Ahora, al final de esta primera trayectoria, y ver qué hemos sido capaces de realizar, no paramos de dar gracias al cielo por habernos puesto cerca  tanta gente buena que ha hecho posible que los sueños de ayer se hayan hecho realidad.

            En estos meses nos hemos dado cuenta del acierto y del saber del profeta Isaías:"Mis planes no son vuestros planes, ni mis caminos son vuestros caminos..." Y hemos podido constatar que la Divina Providencia tenía otros planes bien diferentes a los nuestros. El buen Dios juntó nuestros sueños con las ilusiones del grupo Kamabai de Parquesol y con las aspiraciones y proyectos del grupo OLË de Madrid y ha hecho posible la utopía en la que nadie pensamos en los albores del curso escolar.

            Comenzamos con los apadrinamientos de niños/as. Al final han sido un total de 180 beneficiados con nuestras aportaciones. Desde el fraile más veterano del colegio, el P. Miguel Navarro con sus noventa y cinco años, que fue el primero en engancharse, pasando por la chica de 1º de bachiller que invirtió su regalo de Reyes en apadrinar a una chica, hasta el niño que ha hecho la primera comunión y que canjeó alguno de sus regalos para también él apadrinar a un niño, muchos han sido los que apoyaron e hicieron posible esta hermosa labor.

            Luego llegó el turno del primer contenedor ¡Cuántas ilusiones pusimos en él! Fue "El baúl flotante de los sueños", como más tarde lo llamó José Luis y ¡Qué razón tenía!, pues en él habíamos volcado todas nuestras esperanzas y expectativas: operación kilo, operación juguete,  campañas solidarias tanto en el colegio como en los colegios de Parquesol, centros cívicos y hasta en un partido del Grupo Capitol. Todo nos servía para intentar llenarlo. ¡Y bien que lo hicimos! No nos entró ni la mitad de lo que teníamos recogido. José Luis nos animaba desde la misión: "sois los brazos compasivos de Dios" y eso nos daba ánimos para seguir en la brecha.

El Grupo OLÉ comienza a moverse con soltura y recoge abundante material para su proyecto estrella: la construcción de un centro de formación profesional. Máquinas industriales de coser con fornituras de todo tipo para la confección de prendas de vestir. Llegaron desde Madrid en dos tráiler enormes. Luego fue el turno del   terrazo y la cerámica (9 toneladas), dos camas articuladas para el dispensario médico, material quirúrgico, medicinas, hasta inodoros, duchas y sanitarios como base de un futuro aunque ahora incipiente hospital.

Los del Grupo Parquesol no quieren ser menos y ponen todo su esfuerzo en completar la lista de necesidades básicas: papillas para los niños, medicinas, jabones y útiles de higiene y aseo, un frigorífico y una cocina, seis bicicletas, material escolar, galletas y todo tipo de alimentos, hasta cinco toneladas de carne de vaca enlatada y preparada para misiones especiales y otras cinco toneladas de gres y terrazo para el hospital.

Los voluntarios del Colegio, que son una treintena de jóvenes animosos, llenos de fuerza y enorme vitalidad, se encargan de disponerlo todo y tener listo el envío. No contaron con la meteorología, que en forma de diluvio veraniego deshizo la carga en dos ocasiones. Pero ni los adversos elementos pudieron con ellos. El día de la segunda carga no paraba de llover desde el punto de la mañana hasta cinco minutos antes de llegar el contenedor. Algún ángel desde el cielo nos estaba sonriendo, ayudando y protegiendo, aunque tuvo un pequeño despiste y el bueno de Jaime, nuestro querido cocinero, sufrió en sus carnes la embestida de una de las máquinas que con tanto esfuerzo y cariño se había encargado de preparar. Un gran susto y un pequeño esguince.

Fueron dos los contenedores que han salido desde Valladolid. Uno el día 13, y otro el 14 de junio. Los dos llevan el mismo destino: la misión de Kamabai en Sierra Leona y los dos portan el mismo remite: la generosidad desbordante de muchas buenas personas que han puesto  su corazón y su alma en un hermoso proyecto.  Las  40 toneladas de peso que llevan en su interior no son nada para la fuerza y garra de esos "brazos compasivos de Dios" que le han salido a la misión en España. Que Dios siga bendiciéndoles y multiplicándolos.





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