Colegio San Agustín
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Camino de Santiago



PREPARATIVOS:

Un buen día el P. Juan Luis nos sorprendió a todos con unos carteles y una de sus propuestas: los Agustinos Recoletos preparaban una marcha a Santiago de Compostela. Iba a ser a mitad de julio y nos animaba a participar en ella. Al principio muchos dijeron que sí, pero o no pudieron hacerla por tener otros compromisos o se fueron echando atrás. Y ha sido una pena, por ellos, porque después de la experiencia tan bonita que hemos pasado en estos doce días, seguro que más de uno se va a arrepentir.

Acabó el curso y el P. Juan Luis nos citó en el colegio para una reunión informativa con los padres y para encomendarnos algunos trabajos y responsabilidades. Ya nos fuimos haciendo una idea de lo que íbamos a realizar y de cómo teníamos que prepararnos, sobre todo con el calzado y en ir realizando algunas marchas para ir acostumbrando nuestro cuerpo y, sobre todo, nuestros pies.

El lunes día 9 de julio volvimos a reunirnos en el colegio para concluir el folleto en el que teníamos toda la información sobre las etapas, las reflexiones y oraciones y algunos datos de interés. ¡Y listos para salir!

DÍA 15: SALIDA PARA PONFERRADA:

A las 14,45 salíamos de la estación rumbo a Ponferrada, donde nos aguardaba una desagradable sorpresa: la lluvia, compañera infatigable durante estos días y que nos ha "aguado" bastante la peregrinación a Santiago y una amenaza de bomba en el albergue donde nos encontrábamos. Apenas habíamos tomado contacto con el Camino y ya nos estaban desalojando sin haberlo ocupado. Todo acabó con un susto y una desagradable experiencia.

PONFERRADA - VILLAFRANCA:

A primera hora partimos de Ponferrada por "Compostilla, el corazón industrial de la ciudad, pasamos por Fuentes Nuevas en dirección a Cacabelos, la villa a orillas del Cúa destruida por las tropas de Almanzor. Un suculento refrigerio a media mañana reparó el ánimo y las fuerzas de los peregrinos. Y proseguimos rumbo a Villafranca, donde llegamos a la hora de comer. En su preciosa Alameda, de estilo francés, despachamos la comida en un periquete.

Y nos fuimos al polideportivo, pero no para jugar un partido sino para pernoctar. Como éramos muchos los peregrinos y no cabíamos en los albergues casi siempre nos desviaban hacia los polideportivos, que no siempre estaban en las mejores condiciones. El de Villafranca estaba muy bien, fueron muy cordiales y se desvivieron con nosotros.

Tal vez por ser el primer día y no estar excesivamente cansados todavía algunos tuvieron ganas de jugar. Bueno, más que jugar es que no pararon en toda la tarde. Eso sí, algunos ya tuvieron los primeros síntomas de ampollas y rozaduras.

VILLAFRANCA - O CEBREIRO

Los 28 kilómetros que forman esta etapa son duros y en constante ascensión. Nos dispusimos a emprenderla con el mejor ánimo y con la ilusión de poder alcanzar "O Cebreiro" sin demasiadas secuelas.

Atravesamos Pereje, pequeño pueblo en la sierra de los Ancares rodeados de viejos castaños de raigambre medieval. Trabadelo y la Portela nos dejaron tocados, pero seguimos con ánimo para llegar a Vega de Valcarce, situado en las estribaciones de la Sierra de Caurel y construido sobre dos viejos castros. La fuerza de más de una estaban maltrechas y el "enfermero jefe" se hubo de emplear a fondo. Malos síntomas cuando todavía quedaba lo más duro. Sin embargo, las aguas del Navia y el reconfortante almuerzo recompusieron a los diezmados, que pronto llegaron a Herrerías.

Con la comida, el frescor del lugar, los pies en el agua y algún que otro masaje nos dejaron dispuestos para emprender la subida. Juan Luis nos dijo que hasta la Faba todo era "coser y cantar" y que luego venía la ascensión de 7 kilómetros hasta O Cebreiro. No debimos entender muy bien lo de "coser y cantar", porque menuda subidita que había. Eso sí, lo de cantar lo hicimos en distinto tono y nos acordamos de Juan Luis en más de una ocasión...

Llegamos a la cima contentos y exhaustos de tanto esfuerzo. Y el lugar lo merecía, pues realmente es un lugar mítico del Camino: la iglesia prerrománica de Santa María la Real, con la imagen bizantina de la Virgen y el milagro sobre la eucaristía acaecido en la Edad Media, las pallozas, el paisaje...

Todo menos el albergue, que estaba cerrado y no habían habilitado lugar para los peregrinos. Juan Luis, "Jesús Mariano" (Chuchi) y Mara "Reina Mora" se tuvieron que multiplicar para encontrar un lugar donde pasar la noche, que al final fue en el polideportivo de Piedrafita, donde tampoco nos dejaron pero nosotros lo acabamos ocupando con otro grupo.

Y, como buenos peregrinos, ayudamos a otros que no tenían la misma suerte que nosotros y que sin nuestra ayuda hubieran pasado la noche al raso, no muy acogedora entre la lluvia y el frío de esa jornada.

O CEBREIRO - TRIACASTELA

Mara nos transportaba de Piedrafita hasta O Cebreiro y allí reemprendimos la marcha en dirección a Triacastela. Teníamos continuas ascensiones: el alto de San Roque, el Hospital de la Condesa, Padornelo, con los vestigios del paso de los Caballeros de San Juan de Malta y el Poio, con elevada ascensión pero de corto trayecto.

Nos reconfortó el saludable almuerzo que nunca nos faltaba con el sabroso queso de "tetilla" que tanto nos gustaba. Comenzamos el descenso hasta Fonfría, Biduelo, Filloval, As pasantes y Ramil para llegar a Triacastela, la ciudad de los tres castillos de los que no queda ni rastro.

Aquí acampamos en tiendas, en otra experiencia fascinante y en el poder compartir vivencias, comentarios y chistes en "la tienda abarrotada". Algo de frío sí pasamos, pero la ducha caliente del albergue y el colacao de Mara nos reconfortaba.

TRIACASTELA -SARRIA:

Elegimos el camino por "San Xil" en lugar de Samos por no ir por carretera y disfrutar del hermoso camino entre robles, fresnos y castaños. Pasamos por algunos lugares pintorescos y por poco nos perdemos el almuerzo de la mañana. Quedamos en Calvor, que no aparecía por ningún lado. El tal Calvor es un albergue de Pintín, donde al final paramos en medio de la calle para el consabido refrigerio. Tampoco se podía encontrar mucho más, es tan pequeño y disperso como cualquier aldeucha montañera.

Sarria sí es grande y nos deparaba una sorpresa. A la entrada del pueblo teníamos mesas y fuente, la comida estaba siendo estupenda, ¡Qué más podíamos pedir!. En estas llegó una señora a echar de comer a las gallinas y menuda la que se armó. La sin par Paula "se quedó" con la señora, que hasta le regaló un par de gallinas. Lo pasamos genial y uno pensaba en aquellos peregrinos que sin duda no hubieran rechazado la invitación de las gallinas, claro que Paula pensaba traerlas para Valladolid.

SARRIA- PORTOMARÍN:

Por el barrio de San Lázaro dejamos atrás la ciudad en dirección a Barbadelo. El camino es precioso, discurre entre arbolado de todo tipo y magníficas vistas, con descensos fuertes y pendientes suaves. Cerca del pueblo, al sur de Hilacha se encontraba el monasterio de Santa María de Loyo, lugar donde nació la Orden de Santiago. Doce caballeros que se juramentaron para proteger a los peregrinos de los asaltos musulmanes. Cuando llegamos al Miño y su embalse de Belesar ya sabemos que estamos en Portomarín, el nuevo pueblo, pues el viejo descansa bajo las aguas del río, excepto su famosa Iglesia-fortaleza de San Nicolás y la fachada románica de la Iglesia de San Pedro.

PORTOMARÍN - PALAS DE REI

Y aquí comienzan nuestros sinsabores con algunos ayuntamientos. Se habla mucho de la acogida a los peregrinos y de la providencial hospitalidad a los caminantes, pero nos hemos percatado que se están variando las costumbres y que ya no es lo de antes. Si en O Cebreiro dejaron a la gente colgada "en la calle", aquí y en Arca (Pedrouzo) nos tomaron el pelo, o al menos lo intentaron. Nos habían confirmado por teléfono que si no había sitio en el albergue nos dejarían el polideportivo para pasar la noche. Cuando llegamos todo eran problemas y dificultades y se descolgaron diciendo que había competiciones deportivas y que hasta las doce de la noche no podíamos utilizarlos. El chasco fue enorme, pero el cabreo fue total cuando nos enteramos en Santiago que de competiciones nada de nada, que allí no apareció nadie para hacer deporte ni nadie se hizo cargo de los innumerables peregrinos que no entrábamos en el albergue. O la Xunta toma cartas en el asunto y cambia esta actitud o no nos extraña que en el futuro tenga que lamentar la desidia, el desinterés y el mal trato que se está ofreciendo a los que intentan hacer el camino. Nosotros teníamos las espaldas cubiertas y podíamos movernos con la furgoneta en busca de nuevos lugares o transportando a nuestra gente, pero otros no tienen esa posibilidad y no es justo que se desentiendan de ellos y nadie les ofrezca un cobijo.

De nuestro grupo los más valientes, que fueron casi todos, nos fuimos andando hasta Melide, 14 kilómetros más que hicieron un total de 39 y nos dejaron rotos. Eso sí, nos recibieron estupendamente en un colegio de primaria donde estuvimos como "reyes" y donde pudimos degustar el famoso pulpo de Melide.

MELIDE - RIBADISO

Cada día tiene su propio afán. Si la etapa de ayer fue larga la de hoy es corta. Por eso descansamos un poco más de tiempo, nos fuimos a la Iglesia para celebrar la misa y nos encontramos que la capilla que el párroco nos había ofrecido estaba cerrada. Dijeron la misa Juan Luis y Manuel y nos acompañó un nutrido grupo de gente. Al final el párroco nos leyó las bienaventuranzas del peregrino.

Como el trayecto es corto, llegamos pronto y nos pusimos a la cola del albergue como peregrinos sin más, es decir, sin ser de ningún grupo. Llovía y hacía un tiempo desapacible. Al final no coló nuestra estrategia, alguien se chivó de que éramos grupo y no nos dejaron dormir en camas. Al menos nos ofrecieron un lugar (el comedor) para pasar la noche.

Es un sitio ideal para un día maravilloso, pero si no para de llover, hace aire y está desapacible no hay forma de poder disfrutar. Aprovechamos para descansar, lavar la ropa y compartir. También pudimos ver la carrera de coches y cómo el bueno de Fernando Alonso ganó a sus rivales.

RIBADISO - MONTE DO GOZO

El trayecto no era tan largo, pensamos quedarnos en Arca, pero volvió a suceder lo mismo que en Palas de Rei y decidimos irnos para Santiago. El problema era la estancia en la ciudad, pues en el albergue del Monte do Gozo sólo te dejan una noche. Menos mal que "Chucho" tiene influencias con los de La Salle y así pudimos estar allí sin mayores dificultades.

El mal tiempo fue la tónica de la marcha. Lluvia y viento impedían disfrutar del camino. Laura sufrió un ataque de asma y cuando Juan Luis fue a por ella, contactando con el móvil por la carretera tuvo la mala fortuna de ser cazado y recibir la multa pertinente y la retirada de puntos. Menos mal que la cosa no era muy grave y Laura, acompañada por Marta, pudo reemprender el tramo final.

SANTIAGO DE COMPOSTELA

El día 24 culminábamos el último trayecto del viaje y llegamos a nuestro destino: la tumba del Apóstol. Sentimos gozo y alegría a la vez que orgullo y satisfacción de haber realizado estos doscientos kilómetros a pie. Es verdad que no hemos ido cargando con las mochilas, como hacían otros muchos, que hemos ido en grupo y no teníamos que preocuparnos de la comida y de buscar cobijo para la noche, porque nuestros profes ya lo hacían por nosotros, pero es cierto que hemos puesto lo mejor de nosotros mismos, que hemos aprendido a compartir con el que iba cansado, ayudar al que tenía ampollas o al que se le hacía un tanto difícil algún tramo del viaje. Hemos estado cerca unos de otros y nos hemos abierto a los múltiples peregrinos con los que hemos compartido unas etapas del camino y un momento de nuestras vidas. Y al llegar a la catedral del Santo, hemos pedido por todos. No pudimos hacer el rito de los dedos y el coscorrón, pero en el abrazo a Santiago os teníamos a todos presentes y hemos rezado al discípulo de Jesús por todos aquellos que sabemos están detrás de nuestras vidas.

Los dos días que pasamos en la ciudad los empleamos para conocerla a fondo, asistir a la misa del peregrino y ver el botafumeiro, acreditar nuestra peregrinación y recibir la Compostela, hacer compras y regalos, comer opíparamente en "casa de Manolo" y tener la prometida mariscada si nos sobraba dinero. Fue en "Casa Xulio" y estuvo estupenda.

REGRESO A VALLADOLID

Tuvimos que levantarnos pronto para estar en la estación a las ocho de la mañana. Fue un viaje pesado, con muchas vueltas y un largo recorrido. Aprovechamos para dormir un poco y hacer tiempo. En Ponferrada nos estaban esperando con los bocadillos hechos por Mara y Juan Luis. Apenas veinte minutos y otra vez para el autobús. Nuestros padres nos esperaban en la estación. Allá en la lejanía quedaron las ilusiones de un viaje, los deseos de unos modernos peregrinos, los rezos en la Catedral del Apóstol, el cansancio y la fatiga de unas duras jornadas y la ilusión puesta en el próximo año, pues ha sido una experiencia tan bonita que estamos dispuestos a repetir. Os esperamos a otros muchos en la próxima partida.






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