Colegio San Agustín
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Contenedor para Sierra Leona


13/01/2008

 

Del colegio San Agustín de Valladolid partió un nuevo contenedor con destino a Kamabai, Sierra Leona. El 11 de enero amaneció  lluvioso, al igual que  sucediera con los anteriores contenedores, en los que siempre acabamos pasados por agua. Sorprendió, sin embargo, el intenso frío y las fortísimas ráfagas de viento que dificultaron nuestra tarea. Sin embargo, contábamos con una motivación especial: la ilusión de tanta gente depositada en aquel montón de cajas y paquetes. Y ya se sabe que, cuando la esperanza rebosa el corazón,  no hay elementos que le hagan frente. Al terminar de llenar aquel inmenso cajón alguien me preguntó si estaba contento, la respuesta fue sencilla: "me faltan palabras para expresar la felicidad".Claro que el café de Jaime y sus deliciosas palmeras reconfortaron los ánimos y aliviaron  sacrificios y desventuras.

            Este contenedor ha reverdecido la ilusión y el entusiasmo que deparó el primero hace ahora un año. Comenzamos a gestarlo en octubre, poco después  de la  marcha de José Luis a Sierra Leona. Desde entonces hemos venido recogiendo materiales y útiles que nos pedían o solicitaban desde la misión, pues teníamos claro que lo importante no es lo que a nosotros nos gustaría enviar sino lo que realmente ellos piden o necesitan.

            Varios eran los frentes a cubrir y tres  las prioridades a alcanzar: comida, material escolar y herramientas. José Luis deseaba que se lo mandáramos a finales de noviembre, para poder tenerlo allí en las navidades, pero nosotros le dijimos que era poco tiempo para llenar "un monstruo tan grande" y que nos gustaría disponer de la "operación kilo" y "operación juguete" para surtir de comida y regalos a nuestros queridos niños de Kamabai.

            Los Voluntarios - JAR del colegio, que nacieron como vínculo de ayuda a Sierra Leona, se organizaron enseguida. Comenzaron a sensibilizar a padres y alumnos y pronto comenzaron a llover propuestas y a llegar ayudas de muy diverso tipo: desde ordenadores fuera de uso de algunas administraciones, pasando por ofertas de material hospitalario, hasta completar las propuestas más prácticas de legumbres, arroz y todo tipo de comida.

            El P. José Antonio Román colaboró con los chicos de su clase en la recogida de alimentos. Los voluntarios clasificaban y preparaban los palés y, como ya nos estamos volviendo especialistas en esto de cargar contenedores, el P. Juan Luis sugirió que el arroz y las legumbres podían ir muy bien en dos depósitos de agua, que a ellos les pueden venir muy bien en la misión y  a nosotros nos ha venido fenomenal para no andar con cajas de tanto peso y que se distribuyen y transportan fatal. Entre la colaboración de unos y las aportaciones de otros nos fue de maravilla. La guinda  la pusieron las profesoras de infantil comprando papillas de niños, que tanto nos reclama José Luis. ¡Cómo se nota la impronta de su trabajo y la cercanía con los más pequeños, aunque sean lejanos!

            El grupo de voluntarios de Parquesol no fue a la zaga. De la mano de Angelines se organizaron para recaudar todo tipo de ayudas en su barrio y en algunos puntos estratégicos de Valladolid. Sacaron a la venta  lotería para Navidad, financiando Carlos y Lilian los gastos de impresión y, aunque no tocó, nos dejo un importante pellizco en la colaboración de las participaciones. También prepararon la "operación kilo" en varios colegios públicos del barrio y en el instituto Núñez de Arce, donde da clases Elena, la presidenta de la Asociación Kamabai. Solicitaron, además, ayudas en algunos bancos y organismos, en los que estamos a la espera de alguna  subvención.

En el capítulo de utensilios y herramientas el plato fuerte era el envío de las placas fotovoltaicas, que tardaron en venir pero llegaron sin novedad. También llovieron  herramientas del grupo Scouts, con los que José Luis trabajó en su etapa colegial, aportando un valioso material de carpintería. Jaime también consiguió una excelente sierra de un carpintero jubilado, que  empaquetó cuidadosamente para que llegara en perfecto estado. Aunque la mayor parte de las herramientas  llegaron desde Viana, recopiladas por Jesús Malo y que el P. Javier Marcilla transportó hasta el colegio. Aquí colaboran todos y el director da ejemplo.

            El material escolar no era tan imprescindible para ellos en esta ocasión. Al parecer le enviamos mucho en los dos últimos contenedores, pero en la campaña del kilo seguimos pidiendo material escolar con una respuesta muy satisfactoria. Además, Inés y la operación OLÉ, nos hicieron llegar gran cantidad de folios y cuadernos que engrosaron los enormes palés que se estaban disponiendo. Incluso, en el último momento, se presentó ella desde Madrid con un generador para la escuela o el dispensario. ¡Menudo gesto y que gran detalle en un día tan pésimo, pues hasta nieve encontraron en su regreso a Madrid!

            No podemos dejar de transmitir el más sincero agradecimiento a todos los que han participado en las múltiples donaciones e iniciativas que se han emprendido con este contenedor. Quiero destacar la aportación de Don Carlos de la Fuente que nos ha inundado de comida, camillas para el dispensario, medicinas, herramientas y hasta unas bombas de agua para los pozos. Apareció casi de improviso, con un corazón enorme y unas ganas infinitas de ayudar. Al final nos hemos enterado que tuvo un hijo estudiando con nosotros, aunque la ayuda que nos ofrece y que realiza con otras instituciones no es por este motivo. Sí que lo es la de la familia Pascual, que conocieron y quisieron a José Luis y nos trajeron quinientos kilos de comida; al igual que Fernando Lucas y su madre Araceli, que organizó, por segundo año consecutivo, una campaña solidaria con Sierra Leona en la mismísima comisaría de policía. Tampoco me olvido del Real Valladolid de fútbol y el Grupo Capitol de basket que nos permitieron acudir a sus respectivos estadios para obtener regalos y donaciones de sus simpatizantes y aficionados.

Son muchos los que  han ayudado y han hecho posible este "nuevo milagro" del último contenedor.  Para todos vayan nuestras gracias y la petición de esas bendiciones divinas que Él sabe conceder a todas las personas buenas y generosas. Siguiendo con la metáfora  que da título a este artículo, creo sinceramente que sólo las personas que son capaces de tener un corazón de oro, dispuestas siempre para la ayuda y atentas a las necesidades de sus hermanos más necesitados, aunque estén en la lejana África, son aquellas que hacen posible el mensaje más genuino del Evangelio y las únicas que logran el cariño y calor suficiente para derretir tanto egoísmo y miseria. Sí, creo que frente al frío glacial de los corazones congelados no viene nada mal una buena ración de contenedor...

           





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