Camino de Santiago: Voluntarios JAR
El grupo de Voluntarios JAR del colegio ha vuelto a realizar la peregrinación por el Camino de Santiago. En esta ocasión el itinerario ha sido de Roncesvalles hasta Logroño, haciendo una parada de tres días en Arbeiza para descansar un poco, fortalecer los lazos del grupo y ascender, como viene siendo tradición entre nosotros, al mítico Montejurra.
La expedición la componíamos casi una veintena de jóvenes, alumnos y exalumnos del colegio, al frente de los cuales iba el P. Juan Luis. Con mucho ánimo e inusitada ilusión emprendíamos los preparativos unas semanas antes del evento. Como Mara no pudo venir, el incondicional y todoterreno Jaime, cocinero del colegio, nos ayudó en la confección de los menús, que era nuestro punto débil, aunque visto lo visto y algún kilo de más que hemos traído, creemos que no nos ha ido del todo mal.
De Valladolid salíamos el día 14 de julio, unos con Juan Luis en la furgoneta, nuestro vehículo de apoyo y salvaguarda de las mochilas, y otros en tren con destino Pamplona, que estaba en plenos "Sanfermines" y donde nos esperaba el P. Ángel Jubera para llevarnos hasta la estación de autobuses. Aquí sufrimos el primer percance al no vendernos billetes para todos y tener que regresar Juan Luis a buscarlos.
El desplazamiento fue largo pero mereció la pena. Los imponentes pirineos navarros nos sobrecogieron e impresionaron desde el principio. La emoción nos embargó cuando Antonio y Juan Luis, que eran los organizadores del día, nos relataron las hazañas de Carlomagno, inmortalizado en la Canción de Roldán cuyos sucesos ocurrieron en estas míticas cumbres, donde también se encuentra la majestuosa tumba de Sancho VII el Fuerte con las cadenas arrebatas al rey moro Miramamolín, en la batalla de las Navas de Tolosa.
La noche fue fría, pero los barracones resultaron acogedores. El reconfortante desayuno nos preparó para la marcha de 27 Km hasta Larrasoaña, pasando por Burguete, el precioso pueblo del Espinal, el imponente alto de Erro y la llegada a Bizcarreta, donde una maravillosa parada y un suculento y reparador almuerzo nos dispusieron para continuar el camino, que pasando por Zubiri nos llevó a nuestro destino.
El albergue era cómodo y nos permitían salir a dar una vuelta por el pueblo. Cosa que no nos sucedió en otros lugares y que nos coartaba bastante, pues a nosotros nos apetecía charlar un rato, jugar unas cartas, comentar la jornada y si había peregrinos que a las 10 de la noche ya estaban durmiendo no era el caso de despertarles. También es cierto que ellos salían muy temprano y eso a nosotros, la verdad, no nos iba demasiado bien. El año pasado nos resultó mejor este aspecto, al disponer de polideportivos donde hacíamos nuestra vida, no molestábamos y teníamos más independencia y autonomía. En esta ocasión tuvimos que morir al palo y sufrir las advertencias de algún que otro hospitalero que se sobrepasó en sus funciones y en su poca amabilidad, pues otra cosa no tendremos pero educación sí y sabíamos muy bien cómo actuar y comportarnos.
El segundo día llegamos hasta Pamplona, a la que sorprendimos mortecina y agotada tras sus fiestas sanfermineras. Nosotros tampoco estábamos para correr los toros, pues a la estupenda marcha del primer día las agujetas y cansancio empezaron a hacer mella en el grupo. La comida en una pizzería, el descanso reconfortante en La Vuelta del Castillo y la esmerada atención de nuestros frailes de la parroquia de la Paz nos dejaron como nuevos y a las once de la noche estábamos en la calle de la Estafeta, con Álvaro a la cabeza, corriendo ante un "singular" Juan reconvertido en mihura. Eso sí, dada la bondad del toro no necesitamos el capote de San Fermín, ante el cual cantamos su pertinente canción.
Pasando por la Sierra del Perdón, con su pronunciado y difícil descenso, llegamos a Puente La Reina, donde se juntan el camino navarro, que viene desde Roncesvalles, con el camino aragonés, que parte desde Somport. Nos sacamos la tradicional foto con el peregrino que unifica los dos caminos, visitamos su afamado Puente y nos desviamos dos kilómetros hasta Eunate para visitar la iglesia octogonal con resabios templarios.
Desde aquí hasta Estella todo fue coser y cantar. Lo de coser fue por las ampollas que algunos padecieron y hubieron de curarse con hilo y aguja. Lo de cantar se debió a Álvaro y Alicia, que con sus guitarras y buen humor amenizaron nuestras paradas y ratos de ocio.
Agradecimos el parón de tres días en Arbeiza, donde descansamos, nos bañamos en las piscinas, repusimos nuestras heridas, pintamos las camisetas del grupo, ascendimos Montejurra, monte sagrado para el carlismo, visitamos el monasterio de Irache y su singular fuente del vino y algunos hasta pasaron la noche en el caserio de Echávarri, propiedad de la familia de Carola y José Luis, con tormenta incluida para la noche reservada a las historias de miedo y terror. Vamos, que no les faltó de nada.
De Estella nos dirigimos a Los Arcos, pueblo del P. Busto y P. José Luis Soria, cuyos familiares nos estaban esperando y nos agasajaron maravillosamente. Muchas gracias a todos ellos. El recuerdo es muy grato y la estancia feliz a pesar de los dos hospitaleros que dudaron de nuestra honradez pensando que nos llevábamos los cubiertos del albergue, que eran los nuestros, lavados en su cocina tras una opípara cena con la que nos sorprendieron los más jóvenes del grupo.
La última etapa nos llevó a Logroño pasando por una Viana en fiestas, llena de jolgorio y colorido. Día de muchísimo calor que no hizo torcer el ánimo de los peregrinos que en todo momento desistieron de la amable tentación de subir a la furgoneta. "Nuestro orgullo no nos permite dejar los últimos kilómetros sin andar" dijeron uno tras otro los osados caminantes. Y con un calor de espanto y un ánimo joven y alegre llegaron a Logroño, agotados y con una sed impresionante.
Visitamos la magnífica ciudad, compramos recuerdos para la familia y en el albergue topamos con un especial hospitalero puertorriqueño, que se pasó con sus gracias y se excedió en sus funciones a costa nuestra. No fue nada grave, pero sí nos supuso un disgusto y él tuvo que soportar algunas chanzas y comentarios al que se hizo acreedor. Una simpática postal dejada en el buzón zanjó las diferencias.
Y vuelta para casa con el orgullo de haber realizado parte del camino como peregrinos hacia Santiago. El compromiso lo llevamos para el próximo año. Tal vez regresemos a reemprender la marcha desde el punto en que ahora la dejamos, o tal vez nos vayamos por otro camino (la ruta del norte o el camino portugués) pero llegando hasta la tumba del Apóstol y al final del viaje, porque nos queda la sensación de no llegar a término y dejar inconclusa y a medias la tarea emprendida. Esperemos que algunos más se sumen a la propuesta, que en esa ocasión no fallen profes, que nos hace ilusión que nos acompañen y que nuestro lugarteniente venga en plenas condiciones, porque la hernia que padecía este año no le ha dejado disfrutar del camino en toda plenitud.
Nos ponemos bajo la poderosa intercesión del Apóstol Santiago, damos gracias a su protección constante, pedimos su bendición y os invitamos para el próximo verano. ¡Buen Camino a los peregrinos y feliz verano y descanso para todos!






