Hacia el paÃs de los sueños
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El viaje a Sierra Leona nació como respuesta  a la súplica de José Luis Garayoa, que pedÃa que alguien fuera a visitarle, a compartir sus proyectos y a disfrutar de la gratitud de la gente por todo lo que se les está enviando. Cuando el provincial dio el consentimiento y me autorizó la partida, creà entrar en un sueño.
               Los dÃas previos me embargaba una extraña sensación. Por un lado, los nervios y la inquietud hacia lo desconocido, hacia el lenguaje extraño, las escalas del avión, la cultura diferente. Por otro, el gozo, la alegrÃa y la ilusión de ir a kamabai y poner rostro y voz a tantos conocidos del corazón, retratados en el blog y a los que iba a conocer, saludar y compartir con ellos momentos y vivencias.Â
Pensaba en todos los que  me iban a acompañar, en el grupo de voluntarios del colegio, en la gente de Parquesol, en los que apadrinan niños y nos ayudan en los proyectos...¡Qué pena que no puedan venir! Espero que el año próximo alguno pueda continuar mis pasos. Y pienso en José Luis, ese "pequeño" y gran personaje que un dÃa apostó por esta gente y nos empujó a crecer como personas y como creyentes presentándonos el rostro débil y cercano de Dios en la mirada de la ternura y sencillez de los que sufren y padecen.
                Lo que más me impresionó fue la cantidad de niños que pululan por todas partes. A la mayorÃa se les ve descuidados, sucios, abandonados. Sin embargo  están felices,  les veo alegres, sonriendo, con unos ojazos preciosos y la risa a flor de piel. No puedo por menos de pensar en todos los que he dejado atrás, en nuestros niños de España, que no les falta nada, que tienen todo, que nunca están satisfechos, caprichosos la mar de las veces, consentidos...¿Cómo es posible esta paradoja? SerÃa más lógico lo contrario o  ¿es que la superabundancia en la que estamos criando a nuestros hijos no es la mejor opción educativa? Y les vuelvo a mirar y me regalan otra sonrisa. Y no entiendo nada, pero me contagian con sus risas y me vuelco con ellos en sus juegos. Definitivamente, estos "pikines"  te cautivan el corazón.
               No he visto niños tristes salvo los que estaban enfermos. Y esta sà que es una realidad bien dura. Las dos experiencias en el hospital me marcaron. Tuvimos que llevar a Yaraba, un niño desnutrido hasta El hospital  de Makeni. Es un edificio sencillo, de una planta, pobre, pero me impresionó lo limpio que estaba y la atención esmerada de las enfermeras y el doctor. Creo que suplen sus deficiencias técnicas con calor humano. Soportamos una interminable espera y tuvimos que donar sangre para que le hicieran una transfusión o el niño morirÃa, también dimos dinero a la bisabuela para que pudieran comer. Al dÃa siguiente lo tuvimos que llevar al  hospital especial de niños desnutridos. Nos quedamos de piedra al ver sus pabellones repletos de pequeños seres humano, esqueletos de huesos recubiertos  de piel. Se te hace un nudo la garganta y se desangra el alma. ¿Cómo es posible tanta miseria y tanto dolor? Ahora entiendo los porcentajes que José Luis me decÃa: cuatro de cada diez niños mueren antes de cumplir cinco años. No puedo por menos de elevar una plegaria al buen Dios y pedirle una oportunidad para estos pequeñines, también me la exijo a mà y creo que la demandaré en todos los foros, porque no puede ser que lo que en un lado sobra y derrochamos en otros lugares lo necesitan con urgencia. Y pienso en los diamantes, que esos sà no he visto por ningún lado, pero que algunos del primer mundo tendrán bien arropados y ocultos. No les deseo ninguna desgracia, pero no les vendrÃa nada mal un poco de esta miseria.
               También he visto otra cara positiva y esperanzadora. Allà nos hemos juntado un numeroso grupo de voluntarios que deseábamos ayudar y compartir nuestras cosas con ellos y hemos vuelto más alegres, confiados, más dichosos y felices, porque allà hay algo que te cambia. No sé muy bien qué es, pero vuelves distinto, transformado y con ganas de ser feliz y de hacer felices a todos los que están cerca de ti y aprovechar los innumerables recursos de los que disponemos y en ocasiones no valoramos. Los voluntarios han hecho una gran labor. Unas eran odontólogas, otra ingeniera agrÃcola, otros de medio ambiente, otro especialista en educación, nosotros con los contenedores y en busca de proyectos. Hemos sido la punta de lanza de un voluntariado que espera seguir creciendo. Lo que se necesita con urgencias son médicos generalistas, vendrÃan muy bien pediatras y ginecólogos, las enfermeras serán bien recibidas y los especialistas en medicina tropical mejor que mejor. Otros profesionales no estarÃan nada mal, pero no conviene juntarnos tantos en dos meses, porque no tienen infraestructura suficiente para acoger a todos. Siempre se podrá colaborar de mil maneras.
Una experiencia muy grata fue la visita a Kamangbangbarangtang, que como bien sabéis es la aldea con la que mantenemos un vÃnculo especial y que ha dado nombre a nuestro voluntariado. Es un poblado precioso, situado en lo alto de la montaña y al que sólo se puede acceder a pie, superando riachuelos y una considerable y empinada cuesta. HacÃa calor, sudamos y pasamos sed, pero todo era poco comparado con la enorme dicha de estar allÃ, en el poblado soñado e imaginado tantas veces. Presidà la eucaristÃa,  que fue muy especial y emotiva, con los sonidos rÃtmicos de los tambores y los suaves y melodiosos cantos. José Luis me traducÃa al inglés y a él un catequista al limba. Luego bendije el pozo que el colegio y el grupo de Parquesol habÃamos financiado y participé en la danza ritual de bendición, que es algo alucinante, como toda la aldea y su gente. ParecÃa que estábamos en un reportaje de la 2 de tv. HabÃamos retrocedido en el tiempo un par de siglos.
Una tarde José Luis me llevó a otro poblado que se llama Bumbankakendeka a comprar toronjas. El precio muy asequible para nuestros bolsillos, con sólo 2 € compramos un saco. Sin embargo, el camino es desastroso, infernal, lleno de baches y sorteando agujeros por todos lados. Yo intentaba proteger mi hernia recientemente operada, pero entre tanto vaivén era un milagro salir indemne de aquellas sendas y vericuetos. Los paisajes son preciosos, me fascinaba el verde de los arrozales en medio de imponentes cauces y  variopintos riachuelos. Nada más llegar aparecieron niños por todos lados con el sonsonete conocido y habitual: "Grampa" "Hola, Grampa" y se reÃan, nos tocaban, no paraban de saludar, buscando fotos y esperando dulces. Allà estaban, como los de Kamasikie Kathekeyan, Bubandain...Siempre alegres y felices a pesar de que no tienen nada, o quizá por eso,  no como nosotros que nada nos sacia y estamos insatisfechos de todo. Ellos no, están contentos y me miran con sus grandes ojos negros, llenos de vida, queriéndose comer el mundo, reclamando una oportunidad para sus vidas incipientes. Yo me pregunto si podemos iniciar un sueño conjunto, si lograremos  abrir caminos para la dignidad. Viéndoles reÃr, despreocupados, desentendidos y ajenos a la miseria que les envuelve, parece que es posible creer en lo imposible y que un dÃa se hará realidad el sueño que anhelamos y la utopÃa en la que creemos.
El proyecto "Pikines" , diseñado por Gonzalo y Pablo, es un grandioso plan de ayuda a la misión. Está orientado en una triple vertiente: sanidad, agricultura y educación. Si conseguimos hacerlo prosperar, la utopÃa se convertirá en realidad. Algo ya se está haciendo, como es ese hermoso preescolar que se está levantando gracias a nuestra ayuda y colaboración. En toda la provincia de Biriwa no hay ninguno y, cuando esté terminado, va a ser el único enclave educativo completo de toda la zona: habrá un preescolar, que se llamará San AgustÃn y será la envidia de todos, y seguirán con la primaria y la secundaria al completo, que es donde están la mayor parte de los niños/as que apadrinamos.
Mi último dÃa en Kamabai fue el 28 de agosto, fiesta de San AgustÃn. En la misa de despedida le dije a Pa Bangura, director de la escuela, que no abandonen la educación de los niños, que ,pase lo que pase, no dejen nunca la escuela, que se aferraran a ella porque en la escuela está el futuro de ese pueblo y la salvación de sus gentes. Que sólo por medio del espÃritu y la adquisición  buenos conocimientos podrán salir de la pobreza y alcanzar un justo desarrollo y prosperidad. Quiera Dios que ésta llegue pronto, pero que no sea cauce de más discordias ni el camino para arrancarles la alegrÃa y felicidad que ahora tienen y de la que nosotros, tal vez, carecemos.
Me quedé prendado cuando oà por primera vez el sonido de su peculiar "campana". Eran tres barrotes de metal que sostienen entrelazado un hierro de dudoso origen. La utilizan por igual para la iglesia y para la escuela. Cuando Pa Bangura la tañe, sus acordes se confunden con el más exquisito sonido de las viejas campanas de nuestras iglesias. ¡Ojalá en kamabai pronto tengan una hermosa espadaña donde puedan colocar una preciosa campana! Y ¡Ojalá que pronto, muy pronto, la zona del Biriwa pueda estar sembrada de grandes naves y buenos complejos educativos que propicien el camino de un futuro de paz y armonÃa en Sierra Leona!




