Colegio San Agustín
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Reencuentro... 17 años después



 

Colegio San Agustín, entre clase y clase y con el típico jaleo de bulliciosos alumnos de pie, hablando alto y algunos corriendo. Se abre la puerta de golpe y todos reconocemos esa inconfundible, personal e intransferible sotana negra. Como si nos hubieran bajado a todos el volumen de golpe, nos callamos y corriendo vamos cada uno a sentarnos en su sitio. Entra y, sin mediar palabra, recorre uno por uno todos los pupitres y nos obsequia con un seco y doloroso capón a todos (sí, pagaron justos por pecadores). Se encontraba generoso y algunos hasta reciben dos, verdad Mongil?

Esta anécdota, junto con otras tantas, tuvimos la ocasión de recordarlas el pasado 25 de abril en un entrañable encuentro de ex-compañeros, letra E 1978. Seguro que algún profesor nos recuerda, la guerra que dábamos, eh? Viéndolo con perspectiva, la verdad es que aún éramos muy inocentes y no sabíamos ni rechistar! Unos angelitos, vamos.

El caso es que todo comenzó con nuestro inquieto y viajero compañero Legarra, que se le ocurrió buscarnos en las redes sociales de Internet y pilló a unos cuantos. De ahí al boca a boca de los conocidos y antiguos teléfonos guardados todo fue rápido. Se propuso comenzar rememorando viejos tiempos del recreo y la idea terminó cuajando. Como ya no estamos para caernos encima de un canto ‘rodao' y pedir la baja, Jubera (1000 gracias por todo!), tras las innumerables gestiones de Miguel Ángel, nos habilitó el polideportivo (para sorpresa de algunos que no lo habían visto). Es un tópico pero los años no pasan en balde. Sí, sí, reíros, tres décadas lo atestiguan. Eso sí, el que tuvo, retuvo y los que nos deleitaban jugando, lo seguían haciendo unos años después. Buen ejemplo de ello son Carlos Armesto e Iván Yustos, entre otros. Sergio Duque inauguró la cuenta goleadora y varios más marcamos para la posteridad. Tras una ducha, a tomar el aperitivo y comer, luego cenar y juerga hasta que aguantamos.

Cuánto parloteo de las clases, excursiones, anécdotas y demás aventuras. Desempolvamos todo tipo de recuerdos, profesores y compañeros olvidados o que no recordábamos. También, cómo no, hubo que ponerse al día de la vida de cada uno: que si dónde has estado, dónde trabajas, que si ya llevas anillo de casado, que si niños, proyectos profesionales, etc. Por cierto, durante todo el día estuvimos todos pendientes del móvil de Alberto Colás, ya que estaba a punto de ser Papá del que aún no sabemos nada. Esperemos que todo haya ido bien.

Uno crece, se hace mayor, algunos se casan, bla, bla, bla, ... y no piensa que volver a reencontrarse unos lustros después con compañeros le haga tener tanta ilusión en volver la vista atrás unos cuantos años. Pero sí que la hace, efectivamente, y no fui el único, ya que el reencuentro fue muy sincero, amigable, único e irrepetible, algo que señalamos buena parte de nosotros al día siguiente. Fue un bonito reencuentro de viejos amigos.

Por supuesto no nos olvidamos de los que no pudieron venir, los que no pudimos localizar ni de los que nos dejaron hace tiempo (Mario) y de todos nos acordamos en nuestras conversaciones.

Muchas gracias a todos (Aritz, se vino desde Bilbao) por el buen día que pasamos y por la disposición para que todo saliera estupendamente. Espero podamos seguir manteniendo el contacto.

Un abrazo.






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