Festividad del Corpus Christi
En nuestro colegio, al igual que en el resto de España, se ha celebrado la fiesta del Corpus Christi. Por primera vez se ha contado con un grupo de niñas y niños del colegio que han hecho la primera comunión a lo largo del año en las diversas parroquias de la ciudad.
El Departamento de Pastoral había creído que se trataba de una buena oportunidad para celebrar juntos una fiesta tan querida y entrañable. Sus orígenes se remontan al siglo XIII y en nuestro país goza de un aprecio y una devoción singular. Incluso algunas ciudades, como Toledo y Granada, la siguen celebrando en el día tradicional, que es el jueves, como dice el refrán popular: "tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: jueves santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión".
Y veinte hemos sido el número que ha iniciado esta tradición en el cole y que esperamos se continúe y perpetúe a lo largo de los años. El P. Juan Luis pasó por nuestras clases y los que estábamos libres o no pensábamos acudir a otras procesiones de nuestros pueblos y parroquias nos apuntamos para celebrar la fiesta, que ha sido casi como una prolongación de nuestra primera comunión.
La iglesia estaba engalanada y muy bonita. Los bancos estaban colocados para resaltar a los protagonistas de la celebración y también había una cosa singular, el ambón (que es el lugar donde se lee la Palabra de Dios) no estaba en el presbiterio. El P. Juan Luis nos dijo que era porque queríamos dar más importancia al altar, que era el lugar donde se celebra la Mesa del Pan y la Mesa de la Palabra.
Luego nos habló de las distintas Alianzas que Dios había hecho con los hombres: la primera con Noé y su arco iris como testigo, la segunda con Abrahán, la tercera con Moisés y la cuarta con Jesús, precisamente la que hoy conmemoramos a través del pan y del vino, elementos en los que perdura la presencia de Jesús entre nosotros, convertido en Eucaristía y al que hemos paseado por nuestro colegio y nuestros patios.
Porque si todo estuvo bien, lo mejor fue la procesión. Los papás y asistentes a la eucaristía salieron en primer lugar, luego fuimos nosotros y, por último, los sacerdotes. El P. Juan Luis llevaba la custodia con el Santísimo que dejaba en cada uno de los altares que se habían preparado en los patios de infantil. Hacía una oración, incensaba al Santísimo Sacramento y luego nos daba la bendición, que era cuando nosotros le echábamos los pétalos de rosa.
Nos ha gustado mucho la ceremonia. Lo que más el poder echar las rosas y lo vistoso de la celebración, además de poder vestirnos otra vez de primera comunión y celebrar con nuestros compañeros y en nuestro colegio esta "segunda comunión".





