23/05/2013
Mensaje del Capítulo: “En esta etapa recia de la historia, queremos dar respuesta a los retos que se nos presentan”
28/05/2012 - 11:59
Mensaje del CXXV Capítulo Provincial
A todos los religiosos, religiosas de vida contemplativa y activa, formandos y miembros de las fraternidades seglares de nuestra familia agustino recoleta, les comunicamos que la celebración del CXXV Capítulo Provincial ha sido un regalo del Espíritu Santo y una experiencia de discernimiento, trabajo en equipo y concordia de los 32 religiosos que representamos a las comunidades que la Provincia de San Nicolás de Tolentino tiene en España, Inglaterra, Italia, Brasil, Costa Rica, México, Estados Unidos y China. El Espíritu Santo ha sido especial compañero en nuestras tareas capitulares; apoyados en su sabiduría, hemos evaluado las ordenaciones y la labor realizada en el trienio 2009-2012; asimismo, hemos diseñado las ordenaciones, programa de vida y trabajo para el trienio 2012-2015.
Reconocemos y agradecemos el esfuerzo que el equipo de gobierno provincial ha realizado en el anterior trienio para impulsarnos a vivir con más calidad nuestra vida fraterna y la misión compartida. También hacemos un sentido reconocimiento a los religiosos del gobierno general por el empeño que están poniendo en el proceso de revitalización y reestructuración que pidió el Capítulo General del año 2010. En actitud de comunión y escucha obediente de las ordenaciones de ese Capítulo, hemos elegido como objetivo prioritario para nuestra tarea de los siguientes tres años, la "revitalización y nueva evangelización". A este objetivo le hemos dado concreción a partir de la realidad y necesidades de la Provincia.
Ahora que vamos a celebrar los 100 años como Orden religiosa, nos sentimos agradecidos con Dios, quien nos ha acompañado a lo largo de nuestra andadura como familia religiosa y, en esta etapa recia de la historia, queremos dar respuesta a los retos que se nos presentan. Queremos revitalizar nuestra vida religiosa con fe firme, con esperanza alegre y con caridad ardiente.
La fe nos proporciona cimiento sólido.
Necesitamos revitalizar nuestra vida religiosa, buscando una fuerte experiencia de Dios Padre. Es la pedagogía de la interioridad que nos enseñó san Agustín y en la que suena con mucha fuerza la invitación a volver al corazón. Como Abraham, Moisés, Elías, Pedro, Juan o Santiago, queremos subir al monte para escuchar en el silencio del corazón la voz del Padre que nos dice: tú eres mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias. Sabemos que la eucaristía diaria, el rezo diario de la liturgia de las horas, la hora de meditación de todos los días y los demás medios espirituales, vividos de manera consciente, afectiva y pausada nos conducen a la experiencia profunda del Dios de Jesucristo, el Dios providente, del amor incondicional, de la gracia y la gratuidad, el que murió para darnos vida abundante, el que hace salir su sol sobre buenos y malos, el resucitado. Queremos experimentar a Dios muy cercano y confiar en él: la fe nos da cimiento y nos recrea. Es esta experiencia del Dios de Jesucristo la que nos ayuda a modificar nuestras falsas imágenes de Dios: juez implacable que exige perfeccionismo y genera pánico a que algo salga mal, que es manipulable con ritos y sacrificios, un dios a nuestra medida... La experiencia del Dios de Jesucristo nos revitaliza. Los Centros de espiritualidad agustino recoleta, de los que hemos hablado en la sala capitular, quieren ayudarnos a cimentar mejor nuestra fe y la de miles de personas con las que convivimos en nuestros ministerios.
La esperanza nos mantiene motivados y alegres.
Necesitamos revitalizar nuestra vida religiosa, optando decididamente por el encuentro y seguimiento de Jesucristo, nuestro único maestro y Señor. La pedagogía del discipulado nos enseña a escuchar el evangelio de Jesucristo y a seguir sus huellas en comunidad de hermanos. El mismo Jesucristo nos convoca a la fraternidad que nos une en una sola alma y un solo corazón. Jesucristo resucitado nos llena de alegría y esperanza. Jesucristo nos invita a colaborar juntos en la construcción de su Reino de amor, fraternidad, justicia y paz. Sabemos que para dar testimonio fraterno de nuestra fe, estamos invitados a compartir en comunidad nuestros sentimientos, pensamientos, inquietudes, sueños, necesidades, dificultades, crisis, el camino de conversión y la experiencia de Dios. Constatamos la necesidad de reunirnos frecuentemente para comunicarnos de manera profunda, para programar, ejecutar y evaluar nuestros trabajos, para resolver problemas, para elaborar el Ordo domesticus. Necesitamos estar juntos para disfrutar con los hermanos, para aprender de ellos, para unir fuerzas. Nos sentimos esperanzados porque Jesucristo, el hermano mayor, acompaña nuestras comunidades locales. Somos más de 300 religiosos que queremos seguir a Cristo de manera decidida y apasionada. Esperamos que sea un trienio fructífero, en el que muchos jóvenes se acerquen a nuestras casas de formación para compartir nuestro estilo de vida fraterno en Jesucristo.
El amor es nuestro cemento y nuestra antorcha.
Necesitamos revitalizar nuestra vida religiosa abriendo nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo, quien mueve nuestros corazones, los llena de su fuego, los ilumina, los eleva y dirige al amor. Es la invitación de san Agustín y de san Pablo, quienes están convencidos que "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado" (Rm 5, 5). Como los primeros recoletos, queremos que nuestro blanco sea el amor y todo lo que al amor nos conduzca. Es la pedagogía liberadora del servicio a los más necesitados de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad. La experiencia del amor de Dios nos mueve a gastarnos por los hermanos más desfavorecidos, nos impulsa a optar por la tarea de la nueva evangelización en nuestros ministerios educativos, parroquiales, misionales, formativos y de gobierno. Los rostros dolientes de muchos hermanos nos invitan a tenderles la mano; el Lar Santa Mónica, el CARDI, los Centros Esperanza, la Ciudad de los Niños, las iniciativas a través de Cáritas y todas nuestras obras sociales son respuestas motivadas por la caridad a favor de los más necesitados. Los migrantes, los que sufren la guerra entre gobierno y narcotráfico, los que sufren porque sus derechos humanos son pisoteados, los que padecen la crisis económica mundial y tantos hermanos maltratados, reclaman corazones sensibles que les tiendan la mano. Seguimos recibiendo la invitación para edificar la civilización de la vida y del amor, para cooperar en la construcción de la paz, para defender la vida, para optar por la justicia y para buscar la armonía con la creación. El hambre de Dios de tantos hermanos nos invita a celebrar dignamente los sacramentos de forma fiel y creativa, y a estudiar y meditar la Palabra de Dios para luego ofrecérsela como antorcha para su vida. Porque la Biblia habla del Dios amor y el amor de Dios es el faro que ilumina a todo creyente, queremos comprometernos en la tarea de la nueva evangelización celebrando los sacramentos, ofreciendo la buena noticia de Jesucristo y su Reino de amor, tendiendo la mano a los que más sufren y saliendo al encuentro de los alejados.
Nos llena de satisfacción saber que nuestros equipos de espiritualidad y formación están trabajando en la elaboración de un Itinerario formativo agustino recoleto (IFAR), pedagogía carismática para nuestra peregrinación como agustinos recoletos. Se trata de un instrumento que quiere ayudarnos a que nos revitalicemos y nos comprometamos en la nueva evangelización, cimentados en la fe, alegres en la esperanza y llenos de amor a Dios y al prójimo.
Nos encomendamos a María de Nazaret, Nuestra Señora de la Consolación, mujer de fe firme, de esperanza alegre y de caridad solícita, para que sea nuestro modelo e intercesora en el cumplimiento de las ordenaciones capitulares, que nos impulsan a vivir de manera más decidida la interioridad, la fraternidad y el servicio a la Iglesia y a los más necesitados de nuestra sociedad.
Caminantes frágiles tras el fulgor de la estrella de Nicolás de Tolentino, le suplicamos a Dios con actitud humilde y orante, como se lo pedía san Agustín en sus Confesiones: Señor, Dios, toda nuestra esperanza está puesta en tu gran misericordia: danos lo que mandas y manda lo que quieras.




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