Salvador Tarodo, profesor en la Universidad del País Vasco
Alarva al día nº 52
Algunas pinceladas de tu trayectoria académica y profesional.
Hice Derecho en la Universidad de Valladolid, con curso de Erasmus en Roma incluido; y más tarde, probablemente con bastante dosis de influencia por parte de quien esto me pregunta, me dediqué al estudio de la Filosofía. Siguiendo los consejos cartesianos de aprendizaje en “el gran libro del mundo” realicé estancias en Brasil, Argentina, Colombia y Venezuela. En 1999 fui a la Universidad del País Vasco a estudiar el doctorado que finalicé en 2003. Después, estuve dos años en la Universidad de Bolonia y, finalmente, he regresado a la Universidad del País Vasco.
Bolonia, extraordinaria. La animada Piazza Sto.Stefano; la Via del Pratello con su Trattoría Fantoni, el Barazzo y el Osvaldo; la sensación de libertad que da ir en bicicleta a todas partes; los kilómetros y kilómetros de pórticos, la biblioteca de Sala Borsa...
Recientemente se ha publicado tu tesis doctoral ¿De qué trata?
“Libertad de conciencia y derechos del usuario de los servicios sanitarios”, básicamente es un estudio de los derechos fundamentales en el ámbito de la sanidad. El que tenga más curiosidad que se compre el libro; que si no, va a parecer que vengo yo aquí, como Umbral, sólo a hablar de mi libro.
¿Qué hay de un premio de bioética a nivel nacional?
Para mí, lo más importante es que durante la elaboración del trabajo me he sentido muy a gusto, tanto con mi propio trabajo, como con la colaboración de los compañeros de la UPV. El Premio es un añadido, que en este caso me ha hecho mucha ilusión por dos motivos: porque el Jurado estaba compuesto por personas de diferentes ámbitos del saber y porque viene de una Fundación presidida por una persona a la que admiro y a la que el Premio me ha dado la oportunidad de conocer: Victoria Camps.
¿Jurista o filósofo?
Jurista lo soy de forma ocasional. Filósofo, creo yo, que es una actitud que te acompaña durante toda la vida. Es cuestión de curiosidad y de no dejar de hacerse preguntas.
Tus recuerdos del colegio. En el campamento de verano en Urbasa lo normal era perderse en el bosque…
Sí, sí, ¡uff! Ahora nos reímos, pero aquel día... A Jubera se le ocurrió atravesar la sierra de punta a punta. Aún me parece recordar a la señora de la tienda de Zudaire, en la que nos pertrechamos con vituallas para pasar el día: “¿Vais a cruzar la sierra? -nos dijo-. Pues, aunque haga este día tan soleado, no os fiéis, que aquí muchas tardes se echa la niebla”. Y vaya si se echó; a las cuatro de la tarde parecía de noche y allí estábamos los tres, Jubera, Molinilla y yo. Cuando nos veíamos empapados pasando la noche abrazados por la niebla y quién sabe qué bichos, encontramos una alambrada que nos salvó. La pericia filosófica de Jubera hizo el resto: en seguida dedujo que todo vallado tiene una puerta y, eureka, unas horas más tarde allí estaba la puerta con su camino de entrada y salida y un Land Rover que pasaba por allí y que nos condujo a la civilización.
Fueron unos viajes inolvidables. El Patxarán casero de Arbeiza; Ramos Gallo tratando de echar a un murciélago a sacazos; los descensos del río Urederra, dignos del mismísimo Cocodrilo Dundee; la “guarrilla” de Jubera (“gorrilla” a la que poníamos ese nombre por el lamentable estado que alcanzaba tras pasar horas y horas encima del colodrilo Juberil); el famoso “se ha muerto Molinilla”...
La universidad en el País Vasco es un ámbito de libertad o la libertad brilla por su ausencia.
Mientras haya algún miembro de la comunidad universitaria que esté en el ojo de una mirilla, está claro que no se puede decir que exista libertad.
¿Puede Salvador hacer deporte, que es una de sus principales aficiones?
Nada, ya no nos juntamos ni cuatro para un mus. Sólo queda el deporte en solitario. Y ahí sí, aún sigo haciendo mis escapadas en bicicleta, aunque cada vez menos; ando todo el año de aquí para ya y con tanto viaje…
Colaboras en una página de internet sobre temas jurídicos, que puede interesar a nuestros lectores…
Se trata de una experiencia de Educación a Distancia que conocí en la Universidad de Bolonia y que ahora estamos intentando trasladar a la Universidad del País Vasco. En octubre-noviembre hemos llevado acabo la primera experiencia, pero funcionando todavía con la tecnología de la Universidad de Bolonia. La financiación en España de este tipo de experiencias aún está muy lejos de Europa. Justo estos días estamos pidiendo un Proyecto de I+D al Ministerio para desarrollar la tecnología que nos permita trabajar con autonomía. Si hay alguien que tenga mano leyendo esto...
Aprovecha para saludar
No quiero dejar pasar esta oportunidad para dedicar el libro recientemente publicado a mis maestros. En especial, al Padre Javier Legarra que hizo posible que un mediocre estudiante se haya convertido en investigador galardonado; al recientemente fallecido Don Abundio, al que me hubiera gustado entregar un ejemplar; y, a Ángel Jubera que sembró en mí la inquietud por la Filosofía.









