Colegio San Agustín
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José Luis Garayoa: la llamada de la misión



Revista Alarva al día número 51

Alarva al día nº 51

Tu vida en 6 líneas

¡Qué difícil me lo pones! Me miro al espejo y veo 53 años, casi 30 como sacerdote. Veo Chihuahua, Ciudad de los Niños de Costa Rica, el “Sanagus”, Sierra Leona… Allí me hice tristemente famoso un 14 de febrero de 1998.

¿Es cierto eso del virus del África, que te hace volver?

La verdad es que me picó todo tipo de insectos. A los que me picaron en el cuerpo, muy pronto los clasificaron en el laboratorio los galenos. Más difícil es explicarte qué es lo que me picó en el alma. Desde luego, algo muy profundo debió de ser para decidirme a dejar el Paso, Texas. Es como si la historia se repitiese. Cuando me ofrecí voluntario desde el “San Agustín”, el P. Provincial me preguntó las razones, y no sabía darlas.

En el Colegio —le dije— soy feliz, hago un trabajo que me gusta y los compañeros son admirables; simplemente quiero dedicar los últimos años en plenitud física a los más pobres. Ahora me pasa igual, trabajaba en una comunidad admirable, era feliz y aunque las fuerzas no son los mismas, sí lo es la ilusión.

» Puedes leer el diario del P. Garayoa desde Sierra Leona en Cartas desde la misión. También se publican las fotos que periódicamente va enviando desde allí en Fotomisión.

¿No es difícil regresar tras sufrir un secuestro?

Siempre dije que el secuestro no me dejó dolor sino nostalgia. Y en mi caso no creo que se haga realidad eso de “que nunca segundas partes fueron buenas”, porque es imposible que me fuese peor que la primera. Si escribes una novela, no puedes condensar más “experiencias” en 50 días en África: tifus, malaria, amebas, secuestro de 14 días, velo a Guinea Conakry y la entrada al país sin visado, Liberia, Costa de Marfil…

Revista Alarva al día número 51

Tú mismo has confesado que pasaste “un miedo de muerte…”

Teníamos miedo porque, sabiendo que nos iban a matar, no sabíamos el cómo ni el cuándo. Y en la oración Fernando pedía en voz alta que nos matasen de un disparo y no a machetazos. Oír esto me ponía los pelos de punta, pero sólo nos quedaba encomendarnos a Dios. Nunca he rezado tanto y con tanta devoción. Y, si Dios me quisiese cobrar todo lo que le prometí si me daba otra oportunidad de vivir, necesitaría la ayuda de toda la comunidad para saldar le deuda.

Uno de los recuerdos imborrables fue el oír a un postulante nativo decirle al jefe rebelde: “Don't kill father, kill me” (no matéis al padre, matadme a mí) y luego la respuesta: “¡Y a quién, diablos, le importa un negro!”

Tus recuerdos del colegio…

¿Más recuerdos? Sí, es verdad que sobran las anécdotas. Pero tú mejor que nadie sabes, Ángel, que mi boca no se distingue precisamente por un vocabulario de exquisiteces.

De las mil te digo una. Estábamos limpiando el teatro para una actuación de Navidad. Lo presentaba yo con poncho incluido. Todos desaparecieron para arreglarse y yo seguí barriendo. Llegaron unas señoras muy guapas y elegantes, y me preguntaron si me iba a cambiar. Les dije que no, que me echaba el poncho encima y ya está. De repente una me “conoció”: “¡Ah! usted es el que trabajaba con los ladronzuelos de la calle”. Y, como no se me cuece un huevo en la boca, le contesté que no, que mis chavales robaban en el mercado para comer. Y que era precisamente ahora cuando trabajaba con niños ladrones, con niños que le robaban el sueldo a su padre para pagar un colegio donde ellos no daban un palo al agua. Habría que preguntarse cuántos de nuestros estudiantes siguen tirando a la basura el tiempo y el dinero de sus padres.

Revista Alarva al día número 51

¿Cómo responden quienes te oyen?

Alguien leyó una entrevista que me hicieron en el Diario de Navarra. En la fotografía aparecía la iglesia de Viana y allí envió un sobre con una nota. El cheque de 10.018 euros y la nota: “para nuestros pobres de Sierra Leona”. Me puse a llorar como un crío. Mis hermanas me vieron los ojos enrojecidos y me preguntaron qué me pasaba. Les di la carta y volví a pensar en los increíbles medios de los que Dios se vale para ayudar a los pobres.

Yo sé que mis hermanas tenían razón al decirme que era mucho dinero. Pero yo pensaba en pozos de agua para mi gente y en las risas que iban a estallar en la cara de los pobres de nuestra misión. No era dinero, eran cinco pozos más, o sea, más salud y limpieza.

Hay un proyecto subvencionado por el Gobierno de Navarra…

Eso son palabras mayores, pero sólo allí podré constatar si hay la seguridad suficiente para hacerlo viable.

El gran problema que se nos presenta son los “niños de la guerra”. La Iglesia compró 10.000 niños a los rebeldes. Sí, me habéis entendido bien, pagó un precio (me da vergüenza decir la cantidad) para que los rebeldes permitiesen a los niños regresar a sus aldeas. Y ahora ¿qué hacer con ellos? Nuestro sueño es construir una pequeña escuela de artes y oficios. Antes hay que resolver mil dificultades, pero todo se andará.

Me dieron muy buenas palabras y yo les contesté que les saldría más barato que cambiarle el nombre al Estadio de Osasuna. Yo, con 180.000 euros, denomino Reino de Navarra a lo que me digan.

Te hemos oído hablar de la milagrosa “piedra negra”

Fue un secreto que un “Hechicero africano” compartió con un Padre Blanco. Ya no las hacen y no nos explicamos el por qué. Cuando una culebra te pica, haces sangrar la herida y la piedra se adhiere hasta chupar todo el veneno. Es increíblemente cierto y doy fe de ello porque lo vi con mis propios ojos. Siempre llevamos una en el bolsillo.

Proyectos inmediatos

Debemos sentarnos a planificar. Hay tanto que hacer que no sabemos por dónde empezar. Creo que lo primordial es la educación y la salud. Sólo cuando educas a alguien lo has liberado. Eso sin olvidar lo que somos: evangelizadores, anunciadores de la buena noticia de que podemos vivir como hermanos, es decir, convencer con nuestra vida de que el sueño de Jesús es posible.

¿Cuál es la situación actual de la misión?

Parece que se dan las mismas condiciones para trabajar. Una seguridad total es casi imposible en esa región, porque no interesa a los que explotan las minas de diamantes. Y no te olvides de que nuestra misión está en la provincia de Makeni, zona rebelde por antonomasia.

Tu mensaje a los antiguos alumnos

Decirles que los quise un montón y que el “San Agustín” pasó a ser una parte muy importante de mí. Lleguen a donde lleguen, que no se olviden que el compartir con los más necesitados no sólo no empobrece, sino que enriquece. No sólo se comparte el dinero, también se pueden compartir los sueños, el tiempo, los conocimientos, la amistad.







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