Recuperamos el Viacrucis de la Iglesia para comenzar la Cuaresma

El Viacrucis de la Iglesia se retiró en su día al convertirla en espacio deportivo. Ahora lo hemos recuperado y lo estrenaremos al iniciar la cuaresma, pues es uno de los ejercicios  espirituales más adecuados para este tiempo de conversión.

De la mano del papa Francisco y, entresancando algunas afirmaciones de su mensaje para celebrar la cuaresma, os presentamos las siguientes:

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina  a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismo, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano y que nunca lo que tengo es solo mío. ¡Cuánto desearía que la limosna para todos en un auténtico estilo de vida!

Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia.

Esto vale especialmente en la Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades.

Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos.

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer.

Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; y por otra parte,  expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios.

El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios, que es el único sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia católica para que llegara a todos vosotros, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios.

Si os sentís afligidos como nosotros porque en el mundo se extiende la iniquidad; si os preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras; si veis que se debilita el sentido de una misma humanidad, uníos a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

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