Buscando al cochero y a los caballos del carro alado de Platón


Para ilustrar su idea del alma humana Platón recurre a una curiosa alegoría: un auriga que debe llevar con mano firme un carro con dos caballos alados, uno blanco que representa nuestro impulso racional o moral y otro negro con nuestras pasiones. El negro es poderoso, es él el que me dirige al móvil para chatear con mis amigos cuando me están esperando las matemáticas....

Hoy hemos ido en su busca y como nuestra cabeza no la podíamos abrir, hemos empezado con la de un cordero. Dentro del cráneo y protegido por las meninges encontramos el encéfalo de aspecto blanquecino. Con paciencia, pudimos observar sus partes con funciones bien definidas. Con forma de árbol de la vida está el cerebelo que dirige el carro sin auriga y ahora podemos explicar por qué somos capaces de pasar las hojas de un libro y reparar al rato de que llevamos tiempo volando por otros lares y no nos hemos enterado de lo que leíamos. Continuando con la médula pudimos distinguir el tronco del encéfalo que, afortunadamente, no nos pide permiso porque controla funciones vitales como la respiración, el latido, el estado de alerta... Un poco más nos costó encontrar el termostato, con toda la información del cuerpo al que mantiene en equilibrio, en el pequeño hipotálamo asociado a una bolita que sí que era minúscula y resultó ser nada menos que la hipófisis que, desde su silla turca, controla todo el sistema endocrino. ¿Será ahí dónde está el caballo negro? Un poco sí y otro poco por ahí en la corteza entorrinal y las otras partes del sistema límbico. Como era ya última hora, sueño había y nos fijamos bien en los núcleos reticulados del tálamo que controlan nuestro sueño. ¿Y el cochero? Mucho orden debe poner con tanto núcleo funcionando e información transmitiendo... Pues en la parte que más se ha desarrollado en nosotros y que el cordero solo perfila: la corteza cerebral en dos hemisferios conectados por el cuerpo calloso. Al caballo blanco imposible verlo y no se fue volando... Está en el lóbulo frontal que en el cordero ni se ha desarrollado ni lo hará, cosas de especie...

Así después de una clase diferente salimos del laboratorio con la alegoría de Platón ordenada en el encéfalo y con una idea más clara de lo que allí reside.

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