Domingo de Ramos: Siete días hasta la luz


Escrito por el P. Roberto Sayalero Sanz y publicado en la web de Agustinos Recoletos

«Ahí nos encontramos hoy. En la rampa de lanzamiento de siete días en que escalamos desde la bandera del amor al triunfo de una vida entregada, que nada tienen que ver con un apretón espiritual sino con la lógica de la vida generosamente entregada que encuentra su destino definitivo al cambiar el horizonte gris de los días de ceniza por la claridad vestida de eterna esperanza de la Pascua».

¿Cómo condensar una vida en siete días, una enseñanza perenne en un paso de tiempo demasiado fugaz y más caduco de lo que quisiéramos? En ese punto de partida nos encontramos, en la línea de cal que el arrastrar de nuestros pies es capaz de borrar por culpa de tantas cosas que cargamos en el día a día, ¿quién no necesita un borrico para llevar tantas cosas, para descargar pesos cotidianos y lastres que acompañan desde hace años? Ahí nos encontramos hoy. En la rampa de lanzamiento de siete días en que escalamos desde la bandera del amor al triunfo de una vida entregada, que nada tienen que ver con un apretón espiritual sino con la lógica de la vida generosamente entregada que encuentra su destino definitivo al cambiar el horizonte gris de los días de ceniza por la claridad vestida de eterna esperanza de la Pascua.

La lógica de la vida, de la imagen, del escaparate, del pintalabios, de la pasarela, de los cánones de belleza puestos por los mismos de siempre se ve cuestionada en cuento nos da por pensar y nos tomamos dos cucharadas de la pócima de la normalidad, medicamento necesario para poner los pies en el suelo más allá de fantasías infantiles secundadas por no pocos que hace tiempo dejaron la niñez. A lo largo de la Semana Santa vamos a poder contemplar como la lógica de Dios acaba imponiéndose. No son las apariencias las que triunfan, no son los poderosos los que ganan, no son los guapos los que imponen la ley sino que es la coherencia la que al final se sale con la suya.

Vamos a comenzar la Semana Santa, sin procesiones por el maldito bichito, pero sigue siendo una oportunidad excelente para vivir con profundidad nuestra espiritualidad de seguidores de Jesús. En siete días, contados al revés como dijo el pregonero, vamos a acompañar a Jesús en el proceso que lo llevó a la muerte; vamos a asistir al paso del dolor más profundo, de la mayor de las injusticias a la vida con mayúsculas que nos tiene que llenar de ilusión y de esperanza; vamos a consolar y consolarnos a la vez con una madre, que es la nuestra, destrozada por el dolor pero con un envidiable semblante de esperanza. En la Semana Santa no tenemos que guiarnos ni eclipsarnos por el dolor de un sacrificio. No tenemos que ser carroñeros, o buscadores compulsivos de sangre y sufrimiento. La pasión de Jesús no es un cúmulo de dolores físicos con el fin de calmar la ira de Dios. No es un valium que calme una sed inmensa de sangre y de venganza. De nuevo tendremos que caer en la cuenta de que los sacrificios carecen de valor ante Dios. Nuestra religión está basada en el amor con mayúscula, absoluto y gratuito. Cristo se entrega por amor. Las devociones habituales de la pasión nos hablan sobre todo de que el sacrificio está en relación directa con el dolor; a más dolor, mayor sacrificio, y mayor premio de Dios. Pero esta visión no es adecuada ni evangélica. Responde a un Dios sanguinario que tiene poco ver con el nuestro.

Hoy acabamos nuestro paso por el desierto, entramos con Jesús, el rey, montado en un burro, para acompañarle en su trance, en su paso: la Pascua. Falta solamente una semana para que renovemos nuestro bautismo. Debemos orar y dejarnos hablar por Dios y que nuestra vista no se quede nublada por la sangre de la pasión de quien se entregó por nosotros, sino por la luz de su triunfo, de su resurrección. En Jesús tenemos un modelo, de entrega y de servicio a los demás. Cuando parece que no está muy de moda la coherencia, nosotros nos encontramos con un Jesús coherente con su misión y con su palabra, que no defrauda a aquellos que habían puesto su confianza en él aunque luego saliesen corriendo. Eso es amor y fidelidad, que marcan un camino a seguir.

Y nosotros ¿qué? Ojalá seamos capaces de hacer vida aquello que hoy contemplamos. Ojalá seamos capaces de ser audaces y creativos para no conformarnos con el guión de siempre, con que siempre ganen los mismos. La lógica de Dios está de acuerdo con unos valores que no siempre se tienen en cuenta porque exigen esfuerzo y constancia. Jesús murió pero resucitó contra todo pronóstico. Si no queremos salirnos de la historia de Dios con nosotros, ¿por qué no dejamos que sea el quien ponga las reglas? ¿Por qué, por ejemplo, no situamos la belleza en el corazón? ¿eso sólo sucede en los cuentos? Seguro que así seremos más solidarios y más humanos. Feliz Semana Santa.

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