Domingo III de Adviento: Ver para creer


«Si a nuestros antepasados les costaría creer los adelantos de la ciencia, me pregunto si hoy nosotros tenemos la misma dificultad para esperar ilusionados un Dios que sea capaz de añadir dos gotas de ternura a nuestras vidas. La lectura del profeta Isaías seguro que movió más de cuatro corazones en su tiempo, esperando la verdadera liberación. Hoy quizá lo vemos como una cosa del pasado porque quizá nos vemos demasiado autosuficientes y no vemos la necesidad de que Dios nazca cada año».

Domingo III de Adviento: Ver para creer

Si nuestros tatarabuelos regresaran de nuevo a la vida no saldrían de su asombro, irían de sorpresa en sorpresa viendo que cosas que ellos no podían imaginar se han hecho realidad. ¿Quién podía pensar que íbamos a ser capaces de trasplantar corazones, llegar a la luna o comunicarnos con la otra punta del planeta en un par de segundos? Seguro que dentro de unos años a nosotros puede pasarnos lo mismo.

En el evangelio nos encontramos a Juan Bautista sumamente preocupado pues hasta la cárcel llegan los ecos de los prodigios que Jesús estaba realizando. El que troncha el árbol, el que avienta la parva, el que quema la paja, el que bautiza en fuego, que nos había presentado el domingo pasado si recordáis, el Mesías apocalíptico resulta ser un manso cordero. El armado guerrero que iba a implantar la justicia de una vez por todas es incapaz de matar una mosca, es más, lo acaban matando a él. El que creían que iba a nacer en un palacio, nace una cueva… De ahí su gran pregunta: ¿Eres tu el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús mantiene el suspense y la respuesta a los emisarios nos lleva directamente a la lectura del profeta Isaías. El ciego comienza a ver, el cojo brinca; el falto de lengua cantará al Señor. Dios ha eliminado las limitaciones humanas. A Jesús le preocupa especialmente el sufrimiento de los más desgraciados de esta vida.

Dando un paso más, Jesús exclama: ¡Dichoso el que no se escandalice de mí! ¿qué significa esto? La situación era complicada pues el Dios anunciado por Juan era el que encajaba en la idea de gente pues era la que estaban acostumbrados a oír cada sábado en la sinagoga. El Dios que presentaba Jesús escandalizaba, pues se dedicaba a curar enfermos, acoger a los pobres, comer con pecadores… Me pregunto si esto llega hasta nuestros días, pues podemos encontrarnos mucho más a gusto con el Dios del Bautista que con el de Jesús, pues aunque meta miedo da una seguridad que no da el de Jesús. Y sobre todo porque el Dios de Jesús, si se quiere seguir consecuentemente, exige cercanía e identificación con los más desgraciados de este mundo, incluidos aquellos que lo son por propia culpa y eso desde luego que es mucho más difícil que cumplir la última coma de los mandamientos o empacharse a comuniones en busca de la propia salvación, pues la clave está en ser capaces de ablandar nuestro corazón y para eso se necesita algo más que agua bendita.

Si a nuestros antepasados les costaría creer los adelantos de la ciencia, me pregunto si hoy nosotros tenemos la misma dificultad para esperar ilusionados un Dios que sea capaz de añadir dos gotas de ternura a nuestras vidas. La lectura del profeta Isaías seguro que movió más de cuatro corazones en su tiempo, esperando la verdadera liberación. Hoy quizá lo vemos como una cosa del pasado porque quizá nos vemos demasiado autosuficientes y no vemos la necesidad de que Dios nazca cada año. Mirar a Dios desde la perspectiva de la ternura y el cariño sin medida no resulta nada fácil. Sin embargo creo que cada día necesitamos más el cariño, el calor, la ternura entendida como la alegría del corazón abierto y volcado en el prójimo, en forma de caricia, de abrazo de cercanía, de interés… Ojo, ser tierno no es ser un gili, un blandengue o un debilucho sino ser humano, es decir, sensible a un mundo tan avanzado que ha dejado a un lado la humanidad, que ha prohibido la ternura a base de hipocresía y egoísmo.

En este domingo de la alegría es necesario comprometernos por anunciar a este Dios hecho niño que va nacer dentro de poco más de una semana. Hay que emprender en nosotros y en nuestro entorno una verdadera revolución de la ternura, que nos haga de una vez por todas más humanos. Quizá eso pueda romper más de un esquema de vida cristiana, más de una ley de los seguidores del Bautista a quienes todo lo que suena a ternura, a caricia les hace arrugar el morro de su perfecta religión deshumanizada y esgrimir la condena y el rechazo. Esperamos a un Mesías niño armado de ternura no a un rompepuertas que reparte mandobles a los que son buenos pero no se saben el credo. Eso sí es un escándalo.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. 

Extraído de la web Entra y Verás

< <

Celebraciones de Adviento 1º y 2º

Adviento... Tiempo de preparación para el nacimiento de Jesús... ¿Y cómo lo estamos trabajando en ...

Te interesa...

> >
Buscar
Generic filters

X