Domingo III de Adviento: Felices convencidos


Escrito por el P. Roberto Sayalero Sanz y extraído de la web de los Agustinos Recoletos.

«Con absoluta delicadeza, casi de puntillas, debemos escribir y hablar de la alegría con la que estamos pasando a causa de la pandemia. Para los que somos más o menos creyentes, la verdadera alegría tiene sus cimientos en lo más profundo de lo que somos, lejos de la hojarasca de lo accidental que podemos tener hoy y perder mañana. Aunque resulte fácil decirlo, ser o no felices depende de cómo tengamos organizada nuestra “vida interior”».

Hoy es un buen día para sonreír”. Esta es la frase favorita de Javier y Angi, fundadores de Mr Wonderful una empresa dedicada a imprimir mensajes positivos en agendas, cuadernos, tazas… y todo tipo de utensilios cotidianos, con el fin de crear a nuestro alrededor una atmósfera de optimismo que sirva de dique de contención ante las embestidas de todo aquello que pueda hacernos sentir tristes.

Sin negar la valía de los materiales producidos por ellos, me parece bien considerar que parece que vivimos en una sociedad donde solo se debe ser feliz. Quienes por una causa u otra no lo son, tienen verdaderas dificultades para poder expresarlo libremente porque la infelicidad está casi, casi estigmatizada. Estamos sometidos a una “Happycracia”, como denuncia Edgar Cabanas en un libro así titulado. La idea de felicidad que se nos está transmitiendo se centra demasiado en el bienestar individual con el peligro de que olvidemos que nuestra felicidad no puede ser plena hasta que todos seamos felices. Según él, «declarar que no eres feliz es vergonzoso, como si hubiéramos perdido el tiempo, hubiéramos hecho algo mal, podríamos hacer algo y no lo hacemos, somos personas negativas […] La única buena noticia es que de esta noción de felicidad se sale. Y hay valores más importantes: la buena vida es justa, solidaria, íntegra, comprometida con la verdad. No es estar preocupados por nosotros mismos todo el tiempo».

Las lecturas de este día contienen mensajes que bien pueden servir para el “universo Mr Wonderful”. Estad siempre alegres nos dice Pablo en la Carta a los Tesalonicenses. El profeta Isaías se siente feliz y exultante como no puede ser de otra forma porque va anunciar un mensaje de vida, de salvación para todo el pueblo. En el evangelio nos volvemos a encontrar con Juan el Bautista pero esta vez desde la óptica del cuarto evangelio. El mensaje de alegría también está contenido en el evangelio aunque no se vea a simple vista. La alegría está en la invitación a la esperanza, con ese Allanad que invita a abrir nuestros horizontes. Alegría y esperanza van unidas.

Con absoluta delicadeza, casi de puntillas, debemos escribir y hablar de la alegría con la que estamos pasando a causa de la pandemia. Para los que somos más o menos creyentes, la verdadera alegría tiene sus cimientos en lo más profundo de lo que somos, lejos de la hojarasca de lo accidental que podemos tener hoy y perder mañana. Aunque resulte fácil decirlo, ser o no felices depende de cómo tengamos organizada nuestra “vida interior”.

El Dios de la alegría es la razón de ser de la felicidad de los cristianos. Ese es en mi opinión el verdadero Dios. La alegría del Evangelio es optimista sin ser ciega; constante sin ser fácil; habla de sentido, de fe, de lucha, de opción, de camino, de humanidad... Es la alegría que puede reír, y también llorar. Es la que ensancha el corazón, la que paga al rencoroso y al hipócrita con la calidez de una mirada acogedora; la que se siente amada e inundada de ternura, la que no tiene nada que temer porque espera un Dios acorde con el Evangelio y no con los negros nubarrones del Dios juez y vengador que no se merece que lo espere ni nuestro peor enemigo.

En medio de la tormenta de “buenrollismo”, que nos invita a colocarnos un esparadrapo en cada carrillo para que no se nos quite la sonrisa aunque no haya manera de sacar del zapato la piedrecita que no deja de molestarnos, nuestra alegría, la alegría de los cristianos, está mucho más allá del envoltorio almibarado de mensajes como: “La vida te ha regalado un nuevo día para que lo llenes de momentos felices”; "Hace mucho decidí que era mejor ser feliz que no serlo”; “Si te pasas la vida entera esperando la tormenta, nunca disfrutarás de la luz del Sol”; porque no hay frases “tirita” para quienes no logran lo que leen en la taza del desayuno. Quizá pueda servirnos esta frase de Paolo Coelho: «la vida siempre espera las situaciones críticas para mostrar su lado brillante».

Pese a todo, estemos contentos, que en nuestro corazón desborde la alegría, porque la amistad que vivimos con Dios, nos mantiene en contacto con lo mejor de nosotros mismos. Nos mueve con una esperanza firme: Dios nace, Dios me renueva. Dios me alegra. y, por tanto, yo tengo que alegrar a los demás. Termino con un texto de Rabindranath Tagore: Mi alegría es vigilar, esperar junto al camino, donde la sombra va tras la luz y la lluvia sigue los pasos del verano. Del alba al anochecer estoy sentado a mi puerta. Sé que cuando menos lo piense, vendrá el feliz instante en que veré. Mientras, sonrío y canto solo. Mientras, el aire se está llenando de aroma de promesa.

 

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