Domingo VI de Pascua: Tiempo de amar


Por el P. Roberto Sayalero Sanz

Extraído de la web de la Provincia de San Nicolás de Tolentino

«Como seguidores de Jesús, ahora más que nunca es tiempo de amar. La semana pasada Jesús se mostraba como camino, verdad y vida para llegar a la meta, Dios. Solamente se puede recorrer este itinerario amando. Esa es la gran condición, el as en la manga que nos permite llevar una vida cristiana plena, capaz de producir frutos de alegría y esperanza en quienes nos rodean».

El refranero popular ofrece unos cuantos dichos que bien pueden ilustrar y prevenir los tiempos que vivimos y los que están por venir. Ya sabemos que a río revuelto…; o una cosa es predicar y otra… En este momento tan complicado que estamos viviendo con mil y una incertidumbres tanto en el presente como en el futuro inmediato se echa de menos un liderazgo político con unos principios consensuados y aceptados por todos que aseguren, en la medida de lo posible, una salida controlada y firme de esta pandemia sin que nadie se vea perjudicado. Sin embargo, y no quiero hablar de política, en muchas latitudes estamos gobernados por individuos con la sustancia gris evaporada, preocupados de otros intereses en vez de por la salud y la igualdad de todos los ciudadanos.

En el Evangelio, Jesús plantea una condición: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Guardar los mandamientos no es una moneda de cambio o un mérito hueco para obtener una medalla, sino que es la consecuencia lógica de una amor incondicional a Jesús, basado fundamentalmente en el amor al prójimo. No se trata de presentar una hoja de servicios inmaculada, sino de amar desde lo que somos, aceptando nuestras limitaciones, pero intentando superarlas cada día.

El mandamiento del amor, en forma condicional no es sino un imperativo, un Ámame interminable que nos dice hoy Jesús a cada uno de nosotros. El imperativo no hace memoria, ni fundamenta el presente ni el pasado, ni premedita el futuro, sino que es un ahora mismo, un “ya” sin preparativos. Solo es verdadero amor aquel que reclama continuamente un Ámame. Dios es solo amor y un amor que lógicamente no puede reclamar otra cosa que amor por nuestra parte. Así de fácil y así de complejo a la vez a la hora de vivirlo.

El amor no es un mero sentimiento. Amar es vivir orientado hacia los demás. El amor no es una actitud más de la vida, aunque la consideremos la más importante; no es un sentimiento más, aunque lo tengamos por el más profundo. No están como el agua y el aceite, por un lado la vida y por el otro el amor, como algo que pudiera acceder a nuestra vida. El amor es la vida y la vida verdadera consiste en el amor. La vida es acción y amar es hacer la vida del amor. «Si me amáis guardaréis mis mandamientos». Por esta razón, la vida del amor no entiende de rutina, así que, cuando aparece, quiere decir que ese Ámame fundamental se ha debilitado.

Como seguidores de Jesús ahora más que nunca es tiempo de amar. La semana pasada Jesús se mostraba como camino, verdad y vida para llegar a la meta, Dios. Solamente se puede recorrer este itinerario amando. Esa es la gran condición, el as en la manga que nos permite llevar una vida cristiana plena, capaz de producir frutos de alegría y esperanza en quienes nos rodean. A veces nos hemos confundido pensando que amar a Dios sobre todas las cosas significa amar solo a Dios o amarlo más, olvidando que cuando amamos de verdad a quienes nos necesitan estamos amando a Dios.

Seguro que se puede esperar más de nuestros políticos pero no caigamos en la tentación de descargar en ellos nuestra responsabilidad. Ahora no es tiempo de entonar el “sálvese quien pueda”, sino de tener claro que formamos parte de un todo, de un cuerpo en el que somos interdependientes. Los valores y principios se prueban en el crisol de la dificultad. Los tiempos revueltos demuestran lo que verdaderamente es válido, lo que permanece frente a lo que cambia, quizá porque no es más que una moda. Con el paso de los siglos nadie ha superado la fuerza salvadora del Ámame de Dios a través del prójimo. Así que, como dice el refrán, a Dios rogando y con el mazo dando.

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