Fernando Martín, Agustino Recoleto en Sierra Leona


Desde estas queridas tierras de Sierra Leona y, sabiendo que el domingo es el Domund, me gustaría compartir con todos vosotros mi experiencia de encuentro con estas gentes, aunque me resulta muy difícil.

No encuentro la manera de poner en comunicación nuestros dos mundos. Los niños de allí tienen de todo, son unos privilegiados, saben que tienen que ser agradecidos con la vida, pero no viven el significado profundo del agradecimiento de la vida y de la gente a la que le deben todo. Igualmente, tampoco se puede entender que exista otro mundo de pobreza y miseria humana si no lo palpan y están aquí. Pueden sensibilizarse y emocionarse, pero captar la hondura de la tragedia y el sufrimiento en el que viven estas sencillas y a la vez grandes personas, es muy difícil.

Y al revés pasa lo mismo. Me encantaría hacer ver a los niños de aquí que otro mundo es posible, que las relaciones de las personas no se rigen por la violencia, el abandono y la explotación. Que pueden luchar por un mundo mejor sin conformarse. Que en la vida hay más aspiraciones que mal vender cuatro cosas en la calle para sobrevivir ese día.

Es difícil entender cómo el que tiene de todo no se siente feliz ni realizado, y el que no tiene de nada irradia y demanda lo esencial de las relaciones humanas: sencillez, cercanía y amor.

A mí sólo me queda abrazarlos, cogerlos en brazos, llenarme de sus babas y reír, fundido en un abrazo lleno de ternura en el que me gustaría trasmitirle el hondo y profundo cariño de los niños que tienen de todo y el inmenso amor de todo un Dios que si hizo hombre y niño como ellos para traerles la Buena nueva de la sonrisa de Dios, de la que es fácil que ellos hayan encontrado la imagen y su réplica.

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