Dos vidas, una fecha y un Colegio


 

Todos los días son aparentemente iguales, todos tienen veinticuatro horas, todos tienen aurora y ocaso, y todos tienen sus cosas buenas y algunas malas. Es más, a lo largo del año también tenemos días que son “para olvidar” y días que “jamás olvidaremos”. Las fechas bailan por nuestra memoria como si fuesen las piezas de un rompecabezas y solamente somos capaces de fijar, más allá de los conocimientos académicos, las que se graban en el corazón, por lo bueno o por lo malo. En la vida del Colegio me permito recordar dos. Una la del 1 de octubre de 1961, fecha de su inauguración; y el 16 de abril por doble y luctuoso motivo: en 2015 fallecía D. Tomás Sanz Alonso y cuatro años más tarde, en 2019 fallecía Ángel Jubera Pellejero.

La magia del paso del tiempo permite la reflexión sosegada y no resulta complicado encontrar algunos paralelismos en la vida de estas dos figuras difícilmente sustituibles. Comento algunas: ambos con formación agustiniana: el uno, Tomás, estudió con los Agustinos en Valencia de Don Juan y Zaragoza; Ángel, agustino recoleto desde la infancia; Tomás licenciado en Ciencias Físicas; Ángel, Licenciado en Filosofía, y como decía el filósofo Ortega y Gasset, ya se sabe que al físico se le va el alma a la metafísica y al teólogo a la ciencia. Ambos dedicados toda su vida a la educación: Tomás unos años en Galicia y desde 1987 en el Colegio; Ángel unos años en Fuenterrabía, Guipúzcoa, dedicado a la formación de los agustinos recoletos y desde el año 1981 en el Colegio San Agustín. Ambos se van sin despedirse: Tomás, se nos apaga de repente con un infarto fulminante que le deja en coma duranta casi un mes; Ángel se nos va de las manos por una pancreatitis que lo devora en menos de un mes.

El tiempo ha pasado y la distancia temporal que no la afectiva, permite hablar sin caer en el halago almibarado que suele ser sinónimo de hueco y postizo. Al igual que pasa con las fechas, pasa con las personas. Muchas pasan por nuestra vida deslizándose, sin hacer ruido, sin dejar apenas huella y otras, como si lo hiciesen sobre unos zapatos de tacón de aguja, nos marcan para siempre. Tomás y Angel tenían la cualidad difícilmente alcanzable de no dejar indiferente a nadie. Tomás, junto con un buen puñado de profesores, empezó a romper la barrera profesor-alumno, a convertirse en un verdadero compañero de camino en el aprendizaje y en la maduración personal de los alumnos a quien hablaba sin tapujos, como un verdadero padre que busca lo mejor para sus hijos. Como compañero se sintió siempre al servicio dispuesto a aprender de los demás y compartir sus experiencias; como Director, junto al P. Juan Luis, emprendió la tarea de adaptar el Colegio a las exigencias del siglo XXI. Quizá lo que mejor le define es que, con lo difícil que es en España, nadie habló nunca mal de él.

Ángel era entusiasta “creía profundamente en la educación de los adolescentes y jóvenes”, como le gustaba decir. Profesor y tutor de cientos de alumnos cuyos nombres y apellidos aprendía al segundo día y jamás olvidaba, a pesar de su innato despiste. Emprendedor: se lía la manta a la cabeza y se lanza a Italia con un grupo de adolescentes. Experiencia que repitió año a año hasta los más de treinta. Fraternal: Se da cuenta que el Colegio es algo más que una sucesión de cursos académicos, el Colegio marca la vida de los alumnos y esa familiaridad no puede truncarse. Por ello funda la Asociación de Antiguos Alumnos, que ocupó la mayor de su tiempo y energías. Presente: Sí es un adjetivo fácilmente explicable. En medio del dolor y la desolación por la pérdida de un ser querido, allí aparecía en el Tanatorio para mostrarse cercano. Tenía un especial sentido de la responsabilidad y la cercanía. De igual manera compartía la alegría de su risa espontánea en bodas, bautizos y todo tipo de celebraciones donde se respirase el aire de su “San Agus”. Ecologista: Amante de la naturaleza. Le ensimismaba de tal manera que se perdía sin dificultad para sorpresa de sus compañeros de expedición.

En fin, ambos tienen también un árbol. Tomás el olivo de la paz, la concordia y la salud. Ángel el haya de la fortaleza, la sabiduría y la presencia. Los dos comparten fecha y lugar en nuestros corazones.

Texto: P. Roberto Sayalero Sanz

Vídeo: A.M. Marcos Mateo

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