Un San Agustín solidario y comunero


Los voluntarios del colegio han querido plasmar su repulsa y solidaridad por el cierre de empresas vallisoletanas, que en su día se vendieron a multinacionales sin escrúpulos, y que hoy las han cerrado sin piedad ni remordimiento. Era más sencillo cerrar aquí que en Francia, tenía menos repercusión y se mueven con otra ley: la rentabilidad y el dinero.

 

Y eso que estas empresas no eran deficitarias. Son rentables, poseen buenos productos y ofrecen pingües dividendos, pero la política y las decisiones de empresa nos han acorralado y ha sido más sencillo prescindir de lo de aquí, que es lejano para ellos, a cerrar allí, que es su tierra y su país.

Tal vez tenga razón la vieja canción del Mester sobre los comuneros castellanos: “Corría el año 1521, y en abril para más señas, en Villalar ajustician a los que justicia pidieran” … “Desde entonces ya Castilla, no se ha vuelto a levantar” ... No diremos que se repite la historia, pero si hubiera más participación y defensa de lo nuestro, tal vez algunas de esas fábricas seguirían en pie y nuestra gente no se quedaría sin empleo y sin riqueza. La falta de unidad y de sentimiento en esta tierra castellana nos lleva a situaciones de desamparo que propicia el cierre de fábricas.

Para romper esta inercia, un grupo de adolescentes del Colegio San Agustín, haciéndose solidarios con Dulciora, Lauki, Sada y otras empresas que se nos están viniendo al traste, han querido apoyar a los que pierden su empleo y ofrecerles su pequeño apoyo y su gran corazón.

 

¿Cuáles son los motivos de sus reclamaciones? Lo proclaman muy claro en su manifiesto:

  • Por dignidad, porque toda persona tiene derecho a un trabajo digno y remunerado.
  • Por justicia, ya que los padres tienen que alimentar a sus hijos y no les puede faltar un salario justo.
  • Por solidaridad, no estamos dispuestos que se prive de sus derechos a personas que viven junto a nosotros, que están indefensas ante el atropello de sus derechos y dignidades. Y queremos ser solidarios y que nos sientan a su lado.
  • Queremos que sepáis, amigos y compañeros de SADA, LAUKI Y DULCIORA que unos jóvenes de Valladolid están con vosotros. Que unos jóvenes voluntarios del Colegio San Agustín os llevan en el corazón, en ese corazón del que hace gala nuestro escudo. A todos y cada uno os tenemos presentes y pedimos por vosotros y vuestras familias a ese Dios en quien creemos y en quien esperamos.

Y lo mismo que un día hicieron Jesús, Gandhi, Mandela, Madre Teresa y tantos otros, queremos apoyar vuestros derechos y reclamamos justicia para vuestras empresas. Nosotros, al igual que Luther King, también tenemos un sueño: que un día no muy lejano podamos quedarnos en nuestra tierra porque hay fábricas para trabajar, porque hay empleos para elegir, porque hay un lugar donde se pueda soñar y una gran tierra para vivir.

Para nosotros, contemplar la ilusión y alegría de estas jóvenes generaciones nos hace volver a creer que todavía no todo está perdido, que todavía se puede nacer, vivir y trabajar en Castilla.  Recordando la vieja canción comunera del Nuevo Mester, que hemos citado anteriormente, se puede atisbar la esperanza de un mañana reverdecido y eficaz: “Quién sabe si las cigüeñas han de volver por San Blas, si las heladas de marzo los brotes se han de llevar”. Es verdad, porque “si los pinares ardieron…aún nos queda el encinar”.

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