Solemnidad de Pentecostés: Cualquier tiempo pasado fue peor


Extraído de la web de los Agustinos Recoletos y escrito por el P. Roberto Sayalero.

«Pentecostés es la apertura al Espíritu de Dios para que sepamos anunciar todo lo bueno que Dios ha puesto en nuestro camino. Dios es nuestra felicidad y eso sólo podemos constatarlo gracias a nuestra experiencia de Él, eso no está en las doctrinas ni en los libros. Dejarnos llevar por el Espíritu es ser muy libres y muy creyentes».

Pues sabes qué te digo: que cualquier tiempo pasado fue peor. Así que, como escribía, Joaquín Sabina en la letra de esa canción, sacude el polvo de tu corazón, no esperes a que den las doce, más viejos éramos entonces. Desde luego que en la situación que estamos viviendo por la pandemia de la COVID-19 con presente oscuro y un futuro lleno de interrogantes, puede parecer una excesiva provocación afirmar que cualquier tiempo pasado fue peor. Desde luego que no es la intención meter le dedo en el ojo ni echar sal en la herida, solamente me gustaría acompañarte en la reflexión en este día de Pentecostés, de la venida del Espíritu Santo, para que te sientas agraciado por vivir el presente y afrontes el futuro cargado de energía. Puede que hayamos emprendido una etapa dentro del seguimiento en la que nos empeñamos en hacerlo todo nosotros sin dar oportunidades al Espíritu, al aliento de Dios.

Hoy no hacemos memoria de un acontecimiento pasado sino de un hecho que se repite en cada momento desde hace más de dos mil años. La fiesta de hoy nos sirve para tomar conciencia de ello. En el evangelio de hoy Jesús exhala el Espíritu sobre los discípulos al igual que hizo el Creador con el primer ser humano. Con este gesto comienza la nueva creación, los discípulos pasan a ser hombres nuevos y se lanzan automáticamente a dar testimonio de la resurrección. Pentecostés es el fundamento de la Iglesia naciente. Para las primeras comunidades el vínculo de unión era la fe en Jesús que seguía presente en ellos por el Espíritu. El Espíritu no entiende de diferenciación pero sí de diversidad, ya que a todos llena y comunica su fuerza de amor. La Iglesia nos une a todos por medio del Bautismo, aunque cada uno desde nuestra condición particular realicemos distintas funciones, distintos servicios a la comunidad. El Espíritu no adocena ni enjaula sino que es fuente de vida, de libertad y de amor a Dios y al prójimo como imagen suya

Pentecostés es la apertura al Espíritu de Dios para que sepamos anunciar todo lo bueno que Dios ha puesto en nuestro camino. Dios es nuestra felicidad y eso sólo podemos constatarlo gracias a nuestra experiencia de Él, eso no está en las doctrinas ni en los libros. Dejarnos llevar por el Espíritu es ser muy libres y muy creyentes. Si dejamos que nos toque, nos ayuda a sumergirnos en nuestro día a día con el corazón dispuesto para asomarnos a la verdad profunda que nos dice, como nos enseñó Agustín de Hipona, que en lo profundo de nosotros no solo late un corazón, sino también habita un Dios que nos inspira una forma de comportamiento capaz de hacer de este mundo un lugar fascinante.

Para ello, quizá haya que empezar por entendernos y comprendernos en las alegrías, las ilusiones, las dudas, los miedos, los sueños, las decepciones… El Espíritu se hace presente cuando entre dos personas se tiende un puente que construye el nudo de la fraternidad y así sucesivamente hasta que logremos caminar unidos en nuestra diversidad.

Así que no nos queda más remedio que sacudir el polvo de nuestro corazón. Hoy, último día de la Pascua, es el día del Espíritu: el Espíritu de Dios llenó la vida de Jesús; así vivió para los demás, para todos, y nos mostró el verdadero rostro de Dios. Jesús nos ha entregado su Espíritu: nos hace hijos de Dios y nos capacita para ser continuadores de su obra. Que no nos quedemos en el discurso fácil, sino que estemos dispuestos al encuentro y al diálogo. El Espíritu ha de inundarnos para que podamos demostrar aquello que creemos: que Dios merece la pena; que no nos quedemos pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor, sino que a pesar de todo lo que nos pase ahora, nos convenzamos que de la mano de Dios cualquier tiempo pasado fue peor, porque más viejos éramos entonces. Así que, ya sabes: sacude el polvo de tu corazón.

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Amor sin fecha de caducidad

Extraído de la web Agustinos Recoletos y escrito por el P. Roberto Sayalero. «La Trinidad es ...

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