XXI Cena Solidaria en favor de la misión de Lábrea (Brasil)

La solidaridad se muestra siendo solidario”, dejando hablar al corazón y olvidándonos de tantos que hablan y dicen, exponen y charlan, pero que no terminan de aterrizar y comprometerse por una causa justa o por la defensa de alguien que te necesita.

Esto es lo que hicieron esa treintena de jóvenes estudiantes de 4º de la ESO, pertenecientes al Voluntariado-JAR, que vinieron motivando a la gente, preparando el evento y esforzándose en acomodar, servir y alegrar a las más de doscientas personas que anoche se acercaron a los comedores del colegio para participar en la XXXI Cena Solidaria en favor de la misión de Lábrea.

Desde hace tiempo existe una relación muy especial entre el colegio y la misión, que se remonta a los años 70, cuando de aquí salieron cuatro religiosos agustinos como misioneros para la selva amazónica. Relación que se volvió a intensificar cuando salieron de aquí para allá el P. Peralta y después el P. Antonio Aguado, que todavía están operativos y residentes en Brasil.

La Cena tenía un fin específico: la ayuda para mantener los tres centros Esperanza del Amazonas, donde estudian y comen más de 700 chicos y chicas que desde allí son atendidos en algo más que la mera trasmisión de saberes, ofrecerle la comida diaria o la rutina de tenerlos atendidos y escolarizados. Sabemos de las muestras de apoyo para con ellos, de intentarles encontrar un hueco en una sociedad que muchas veces les cierra puertas y les da la espalda, de ese cariño y apoyo para sacarlos adelante, aunque luego se les vayan a las grandes urbes y les dejen otra vez con la experiencia por iniciar con otros muchos, pero sabiendo que su trabajo ha sido eficaz, eficiente y que esos chicos y chicas son personas de bien en algún remoto lugar.

Es la tarea inacabada, el día a día duro y peleón con un mundo cruel que no alberga sentimientos ni sueña con proyectos en jóvenes que abren sus vidas sin cariño y sin amor. Es la gran alegría de saber que se lucha por algo más que números o cifras, por puestos o dinero, por prestigio y por poder. En el fragor de la selva hay un entorno de paz y fraternidad, de ternura y compasión, de alegría e ilusión y tiene un nombre: “CENTROS ESPERANZA”.

Y ahí es donde entramos nosotros con nuestra ayuda, la de estos jóvenes de la ESO con otros jóvenes de enseñanzas secundarias. La Cena y su entorno son algo más que una noche donde se viene a comer y se participa en una rifa, es ese encanto mágico donde se transforma el corazón y se hace crecer el alma, donde se siente al otro como hermano y se procura ayudarle para que llegue a la meta. La semana que viene estos chicos tienen sus exámenes académicos, y esperamos y les deseamos toda clase de éxito, pero ellos ya nos han dado a todos una gran lección y tienen bien superada ese otro examen que un día todos hemos de pasar, cuando el hacedor de la vida nos pregunte qué hemos hecho en este mundo y cómo hemos empleado nuestro tiempo. Ellos muy bien pueden levantar la mirada, sonreír con cariño y decir con calma y paz: “deber cumplido”, y es que, al final de la vida, solamente “nos examinarán de amor”.

La recaudación fue generosa, no podía ser de otra forma. Sacamos 8,200 €. Gracias a todos los que vinieron y participaron, a los que nos han apoyado de mil maneras: con la fila 0, con la donación de regalos, ofreciéndonos la cena y haciendo de esta noche del 15 de febrero una gran noche de “amor”, no como el de San Valentín de hace unos días, sino de ese otro que habla de entrega y compromiso, de generosidad y apertura, de donación desinteresada y servicio fiel. ¡Gracias y que Dios os bendiga!

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