Está claro que no debo salir de casa. Se me olvidó, con las prisas, pagar el recibo de la luz y a medida que me iba alejando de mi domicilio por lo visto se iba cortando la luz. La que hemos armado. La policía portuguesa intentó darme el alto 4 veces y a la quinta lo consiguiò (solo a mi se me ocurre pasar andando un túnel de la autovía…eso sí, llevaba unas luces traseras colgadas de la mochila para prevenir al resto de conductores). Logré colarme en el aeropuerto tras varios intentos, solucionar a través de la oficina de turismo aspectos relevantes del viaje este y emprender la aventura de mi vida…andando desde el aeropuerto hasta el albergue. 9-10 km a pleno sol por autovías y calles en cuesta, policías y sirenas y gente con maletas por todos lados. Tras 2’30 eternas horas de marcha llego al primero de los albergues y me dice el tío de turno que como las habitaciones son de tarjeta y no hay luz que a la calle… Casi me lo como. Tan fácil como abrir con llave maestra y dejar las puertas abiertas: ¡anda, es verdad! En favor del tío este hay que decir que cuando volvió la luz (22:30 españolas) me dio espontáneamente un abrazo…qué cosas.
Desde que yo me tiré del bus en plena autovía hasta terminar el día, el resto siguió con su programa tal y como estaba previsto. Todo una hora más tarde. Comieron en la playa y el bus los llevó a los distintos albergues. Cenamos juntos en el albergue previsto un puré frío y arroz con pollo-pato (no sé definir) y ensalada. Los de este albergue disfrutaron del atardecer en el patio (albergue en el que fueron todo amabilidades) y el resto fuimos en bus al otro. El metro estaba cerrado. Sin novedad. Digno de mención las lucecitas pulsera que trajimos y los walkies de un alumno. Nos dieron la vida en el albergue hasta que vino la luz.
Al final, todos en la camita, incluso duchaditos y con ganas de comerse Lisboa…a ver si nos dejan.
Seguimos sin cobertura, solo con wifi del albergue, pero iremos sorteando las dificultades e informando según podamos.
P. Dumbledore
