Uno piensa que lo ha visto todo, pero no. La nube del año pasado…otra vez…ha vuelto, pero con más agua y fuerza. ¡Vaya forma de llover! Así que, en una de sus descargas, tuvimos que subir corriendo al autobús. Y aquí viene lo nunca visto. Llega uno de nuestros seres humanos de 13 años y con un paraguas para no mojarse (paraguas: elemento antilluvia que los jóvenes usan cuando tu capucha no pega con tu «outfit»)…o sea, con el paraguas abierto, entra en el bus como si fuera un «todo completo»: primero el cuerpo y luego el paraguas completamente abierto. La imagen siguiente era digna de foto: ser humano sentado y paraguas abierto sobre su cabeza, sujeto por los respaldos de los asientos; era tan fuerte la lluvia que nuestro ser humano pensó que podía seguir lloviendo dentro del bus. Soy consciente de que no me vais a creer pero prometo que es totalmente cierto. Le he propuesto al ser humano este hacer una foto en diferido del momento para que os hagáis una idea…
Hubo que desayunar a las 7’30 porque mi amiga de la Torre dos Clérigos está empeñada que subamos a la Torre a las 9 am, asi que a las 8 en punto salíamos para Oporto. Es tal el caos de obras que el bus no tenía que dejar junto al río y subir nosotros a patita hasta la Torre, ascensión poco recomendable para hacer a toda castaña. Para colmo el tráfico nos jugó una mala pasada y entre atascos y subida al Everest llegamos a las 9:45… A negociar. Nos traspasó a visita para Martes a las 15:30. Otra vez a subir corriendo después de comer. Ya veremos.
Aprovechamos y, además de explicar la Torre por fuera, visitamos la estación de Sao Bento y la Catedral. Previamente habíamos pedido a algunos alumnos que se empollaran las audioguías de los sitios y nos dieron una magnífica explicación. Después nos dirigimos al puente Luis I y lo cruzamos por arriba, alguno con algo de miedo, donde se obtiene una magnífica vista de la ribera de Oporto. Bajamos por el lado de Gaia y volvimos a cruzar el puente por abajo explicando los datos más curiosos del mismo.
Una vez en la plaza de la Ribeira dimos unos minutillos de descanso y vuelta al bus junto al palacio de la Bolsa. Rumbo a Guimaraes. Comimos en el centro comercial de siempre y, cuando fuimos a salir, diluvio galáctivo. En apenas un metro quedabas completamente calado de arriba a abajo. Los impermeables poco podían hacer. Yo creo que la lluvia era tan fuerte que rebotaba en el suelo y automáticamente te mojaba de abajo hacia arriba: zapatos, pantalones, etc.
Aún así fuimos hasta la puerta del castillo. El problema radicaba en que entre el bus y la puerta del Palacio de los Duques de Bragança hay unos 100-200 metros y no hay sitio interior para que los 60 pudieran esperar sin mojarse. No obstante yo intenté recorrer la distancia para ver si nos ofrecían un sitio para esperar y realizar la visita. Salí del bus bien ataviado, incluso estrenando mi chubimochila (impermeable para mochila) y apenas pude recorrer 15 metros. Calado total. Vuelta al bus. Esperamos media hora encerrados en el bus pero aquello no mejoraba, empeoraba.
Renunciamos a la visita por cuestiones obvias. Consultamos internet y dijimos…a la playa que allí no llueve. Así que nos fuimos a ver la playa de Furadouro, a apenas un Km del albergue. No dejó de llover hasta llegar allí. Paseo por la playa, algún helado (el tiempo no es que acompañara mucho pero…) y vuelta al albergue para prepararse para cenar, secarse y esas gaitas.
A las 19:30 en fila al centro comercial que parece ya nuestra casa. Intento de llover que se quedó en nada. Hoy apareción más de una ensalada…vamos, que los chicos se lo tomaron en plan healthy. A las 22:00 en el albergue. Reunión, normas para mañana y subida a las habitaciones según le dé al duo dinámico (grupo musical de profes que reparte habitaciones a su antojo por la noche…). A las 23:15 ni un ruido.
A pesar del agua el día fue bien. Logramos dar una vuelta por los sitios más emblemáticos de Oporto, vuelta que mañana repetiremos: barco, puente, Torre…
Todos en perfecto estado durmiendo. Mañana más. Obrigado,
P. Dumbledore
