Después de muchas horas de viaje y algún que otro contratiempo, llegamos a Totonicapán, uno de los departamentos de Guatemala.
Desde el primer día pudimos descubrir sus calles, calles llenas de gente que siempre te ofrece un saludo seguido de una de sus mejores sonrisas. Por las mañanas acompañamos a un grupo de voluntarios que preparan desayunos a quienes lo necesitan, y al acabar todo son muestras de afecto y muchos abrazos esperando vernos al día siguiente.
Continuamos con alguna visita a familias beneficiadas por el proyecto, les ayudamos a limpiar la casa, la ropa, cambiar el techo y sobretodo nos comparten sus historias, sus fragilidades y sus fortalezas, intentando transmitirles un mensaje de apoyo y de continuar en esa lucha diaria.
Por las tardes comienza el refuerzo escolar, niños de diferentes edades que a parte de sus clases matutinas acuden a la parroquia durante estos días. Son tres horas en las que ambas partes aprendemos, sea sobre matemáticas o sobre nuestras culturas. Igual que los mayores, te regalan sus sonrisas, sus mejores abrazos y agradecimientos que jamás se me olvidarán.
No me quiero olvidar de los voluntarios que nos acompañaban día a día, Gloria, Yolanda, Alejandra, Mariela, Kevin y Lucrecia, quienes nos han transmitido las raíces guatemaltecas, todo su amor y cariño que siempre estará conmigo.
Después de despedidas duras y muchas lagrimas volvemos a España, esperando el regreso cercano a Totonicapán.










