Los alumnos participantes en el viaje a Múnich han disfrutado de cinco intensos días descubriendo la cultura, la historia y los paisajes de Baviera en una experiencia que ha combinado aprendizaje, convivencia y muchas anécdotas que ya forman parte del recuerdo colectivo del grupo.
La aventura comenzó de madrugada, con salida hacia el aeropuerto y muchas ganas de descubrir Alemania. Tras aterrizar en Múnich, el grupo se dirigió al hotel y, después de recuperar fuerzas en un parque de la ciudad, inició sus primeras visitas por la capital bávara. El recorrido incluyó el Jardín Inglés, uno de los parques urbanos más grandes de Europa, la famosa ola de Eisbach, donde algunos consideran que nació el surf urbano, y diversos rincones históricos del centro de la ciudad. Guiados por Nuria, pudieron conocer lugares tan emblemáticos como la Haus der Kunst, el Hofgarten o la Odeonsplatz.
La segunda jornada estuvo dedicada a dos de los grandes símbolos de Múnich. Por la mañana visitaron el Palacio de Nymphenburg, antigua residencia de verano de los reyes de Baviera, donde pudieron admirar sus impresionantes salones, carruajes y jardines. Por la tarde llegó uno de los momentos favoritos para muchos alumnos: la visita al BMW Welt y al Museo BMW, un espacio interactivo en el que coches, motos, simuladores y tecnología despertaron el interés de todos. El día concluyó con un paseo por el Olympiapark, disfrutando de las instalaciones olímpicas y de unas magníficas vistas de la ciudad.
Uno de los días más esperados fue la excursión a Füssen y a los castillos de Hohenschwangau. Tras un temprano madrugón y un largo trayecto, los alumnos emprendieron la subida hacia el espectacular castillo de Neuschwanstein, inspiración de numerosos cuentos y conocido por ser el modelo que inspiró el castillo de Disney. Las vistas desde el puente de Marienbrücke, suspendido sobre un impresionante desfiladero, se convirtieron en una de las imágenes más impactantes del viaje. La jornada estuvo llena de pequeñas aventuras, caminatas, helados, fotografías y momentos de convivencia que hicieron de esta excursión una de las más especiales de la semana.
La cuarta jornada permitió descubrir una realidad muy diferente. La visita al campo de concentración de Dachau se desarrolló en un ambiente de respeto y reflexión, acercando a los alumnos a uno de los episodios más duros de la historia europea. Fue, sin duda, una experiencia educativa de gran valor que invitó a la reflexión y dejó una profunda huella en todos los participantes.
Por la tarde, el grupo visitó el Deutsches Museum, considerado uno de los museos de ciencia y tecnología más importantes del mundo. Sus exposiciones despertaron tal interés que incluso alguno de los alumnos perdió la noción del tiempo mientras exploraba sus salas. La jornada continuó en Marienplatz, donde pudieron contemplar el famoso Glockenspiel, degustar una auténtica Bratwurst alemana y subir los 306 escalones de la torre de la iglesia de San Pedro para disfrutar de una magnífica panorámica de la ciudad.
El último día comenzó con una visita a la Königsplatz, uno de los espacios más representativos del neoclasicismo alemán. Allí, varios alumnos asumieron el papel de auténticos guías para explicar la historia de esta singular plaza inspirada en la Antigua Grecia.
Posteriormente visitaron el Residenz Museum, antigua residencia de los monarcas bávaros, donde recorrieron impresionantes salas y la cámara del tesoro.
Antes de emprender el regreso, todavía hubo tiempo para las últimas compras, los recuerdos para familiares y amigos, y para compartir los últimos momentos de convivencia. Como en todo gran viaje, tampoco faltaron las anécdotas: equipajes perdidos temporalmente, controles de seguridad especialmente exhaustivos, algún pequeño susto sin consecuencias y muchas risas que quedarán para el recuerdo.
Durante toda la estancia se celebró además el Concurso de Collage Muniquense, en el que los distintos grupos demostraron su creatividad recopilando algunas de las mejores imágenes y momentos vividos durante estos días.
Castillos de cuento, museos impresionantes, paisajes espectaculares, nuevas amistades y una pregunta que ya forma parte de la historia del viaje: «¿Quieres un Cherry?». Sin duda, una aventura que nuestros alumnos tardarán mucho tiempo en olvidar.