Cinco días, mochilas a la espalda, muchas ganas de aventura y un mismo espíritu scout. Del 1 al 5 de abril nos fuimos de campamento a Trabadelo (León), donde castores, manada, sección scout, escultas y rovers vivimos una experiencia increíble llena de juegos, naturaleza, risas y momentos que no vamos a olvidar.
Este campamento ha sido aún más especial, ya que por fin hemos vuelto a tener castores con nosotros después de 10 años.
Fotos de las secciones:

Nada más llegar al albergue, vivimos un momento muy especial. A los educandos que participaban por primera vez en un campamento, se les entregó la pañoleta, símbolo de su pertenencia al movimiento scout y a nuestro grupo Cruz del Sur 532. Fue un momento muy bonito con el que muchos empezaban oficialmente su camino dentro del escultismo.

Durante estos días, cada sección estuvo realizando sus actividades pensadas para su edad y para la etapa que viven dentro del grupo.
Los castores, llevaron a cabo su dique, una actividad muy especial en la que construyeron un coche de cartón, trabajando juntos, usando su imaginación y disfrutando de una de esas experiencias que seguro recordarán con mucha ilusión.
La manada tuvo también unos días muy completos, con varios talleres en los que pudieron aprender y divertirse al mismo tiempo: por un lado, un taller de cocina en el que prepararon sus propias pizzas y, por otro, un taller de manualidades donde hicieron pulseras y mini pañoletas para ayudar a financiar su cacería.
La sección scout aprovechó el campamento para diseñar y crear los banderines de sus patrullas y además realizaron una gymkana deportiva en la que no faltaron la energía, el trabajo en equipo y las ganas de superarse.
Los escultas, por su parte, avanzaron en el desarrollo de su empresa, dedicando parte del campamento a seguir construyendo su proyecto común, y también tuvieron tiempo para realizar alguna dinámica de introspección, compartiendo reflexiones y creciendo juntos como unidad.
Los rovers también vivieron sus propios momentos de grupo con una actividad de cocina en la que prepararon torrijas, y además diseñaron y elaboraron sus escudos.

Uno de los días más especiales fue el de la marcha, ese momento en el que cada sección sale a descubrir el entorno y a disfrutar de la naturaleza a su manera.
Las secciones más pequeñas hicieron sus propias rutas, cada una adaptada a su ritmo, aunque todas acabaron pasando por el pueblo de Trabadelo, donde pudimos recargar fuerzas y seguir disfrutando del día juntos. Mientras tanto, los escultas se animaron a ir un poco más allá y consiguieron llegar hasta una cascada que se convirtió en uno de los momentos más chulos de la marcha.
Los rovers, por su parte, no se quedaron atrás y se enfrentaron a una marcha bastante exigente, subiendo un pico para disfrutar de unas vistas espectaculares del Bierzo.

Y por fin llegó uno de los momentos más divertidos del campamento: el gran juego, una mañana en la que todo el grupo se unió para vivir una auténtica misión de espías. Formamos equipos mezclando miembros de todas las secciones y, a lo largo del juego, fuimos superando distintas pruebas para conseguir pistas clave. Pero no era tan fácil: solo aquellos que lograban descifrarlas correctamente podían avanzar. El objetivo final era desactivar una bomba, y únicamente los equipos que interpretaron todas las pistas a tiempo consiguieron completar la misión y “sobrevivir”.

Para terminar el campamento, el último día celebramos las ceremonias, uno de esos momentos que siempre recordamos. Algunos miembros del grupo formularon sus respectivas promesas, afianzando su compromiso con el grupo y con el escultismo, mientras que otros cambiaron de etapa de progresión, dando un paso adelante dentro de su sección y avanzando en su caminar scout.

En resumen, han sido cinco días intensos de juegos, marchas y experiencias compartidas. Volvemos a casa con una sonrisa, y con ganas de que llegue la próxima aventura.

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