Típica situación. Tu vas a salir del metro a las 10 de la noche. Ya no hay interventores. Tienes que meter el billete en el torno para poder salir…no encuentras el billete. Empiezas a sudar: bolsillos, cartera, trasera del móvil…nada. Ya no sudas, chorreas. Solo estáis tu, el profesor que pasa el último y el resto del grupo mirándote fijamente desde el otro lado de los tornos. Nervioso empiezas a abrir la mochila, ya apoyado en el suelo, y el profe de turno se agacha contigo para ayudarte. Y empiezas a sacar las cosas de la mochila, pero estás tan nervioso que no atinas y te lo hace el profe…
Hasta aquí se trata de una situación bastante habitual. El billete no aparece. Lo curioso viene ahora; el profe empieza a sacar las cosas de la mochila y aparecen una pesa de gimnasio, una polea y una caña de pescar… El profesor, atónito, pregunta: pero… ¿ es que pensabas pescar pesas con la polea en el metro de Lisboa? Record de cosas raras en la mochila. El billete dejamos de buscarlo (igual lo utilizó de cebo) y salió del metro haciendo trampas (un mago nunca revela sus trucos). Siempre nos sorprenden.
Más tarde, reflexionando, llegué a la conclusión que igual era un kit se supervivencia: la caña para poder alimentarnos, la polea para poder subir cosas (también había una cuerda) y la pesa…puff…ni idea.
Tercer día y todo según lo previsto. El segundo grupo fue en busca del otro en metro y a las 10 salían todos juntitos en el bus para Belem. Un grupo intentó la cola del Monasterio de los Jerónimos…eran dos horas. Nada. Explicación por encima del lugar y a otra cosa.
Otro grupo se fue a la Torre de Belem…cerrada por obras. Nada, audioguía al canto y sesión de fotos. El tercero tuvo más suerte: subida al monumento de los descubridores. Pequeña cola y arriba a admirar las vistas.
Después, foto imitando la magnífica estatua de los descubridores intentando copiar su posición. La foto es lo de menos, lo mejor es la cara de los turistas viendo como los nuestros intentan imitar la estatua…y así los 3 grupos.
A la una comiendo todos en Belem. Empieza a producirse el milagro. Comen en las terrazas juntos compartiendo mesa y dando la tabarra a los camareros…para verlo.
Andando hasta el puente 25 de Abril. Allí hay que subir 27 pisos para salir al balcón del puente y obtener vistas espléndidas del puente y alrededores. Pues…al tren. Esta vez a Caise de Sodre. Trayecto de 10 minutos que nos acerca a la Plaza del Comercio. Tiempo libre para compra de souvenirs (ya sabéis, os van a llenar de imanes, llaveritos, etc). Reunión general y entrega de notas a los profes. Pensad que algunos son novatos y obtienen el título de 1º de Lisboa; en nuestro caso uno obtuvo el de 3º de Lisboa y otro se quedó en 2º. También mención a los chicos…chuches portuguesas para todos. Tiempo para cenar y reunión otra vez. Toca separarse. Unos a una línea de metro y otros a otra. A las 22:30 portuguesas todos en sus albergues y en sus camas. Esperemos que el síndrome «última noche en Lisboa» nos deje descansar. Mañana volvemos. Obrigado
P. Dumbledore



