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Munich día 1: día internacional del DNI

Cómo nuestro bus salia por la noche pudimos comprobar que las cosas, que aparentemente son inanimadas, cobran vida cuando estamos dormidos. Tal cual en la película de Toy Story. Dos hechos reales lo prueban está noche:
Una tarjeta sanitaria que no quiso salir de su casa, un DNI con miedo a volar y una maleta tímida que no se dejaba abrir.
El piloto del avión, marido de una amiga de M. AGUIRRE, nos saludo públicamente y pudimos demostrar que somos de Valladolid (Spain) dando un fuerte aplauso. Al final del vuelo, que había sido muy tranquilo, tuvimos unos baches, debido a que a uno de nuestros monitores, le invitaron a pasar a la cabina, y le dejaron pilotar e incluso aterrizar el avión. (……).
Llegamos al hotel antes de tiempo, pero nos dejaron guardar las maletas para acercarnos a una de las puertas de la ciudad, la Karlstor, en la plaza Karlsplatz, dar un paseo por el jardín botánico e ir a por nuestras habitaciones.
En media hora todos estaban acoplados, y a las cuatro preparados en el hall, unas maquilladas y otros no. Comenzaba nuestro primer tour por la ciudad con Miguel Asensio como guía turístico oficial.
Nos fue contando todas las curiosidades de la iglesia de San Miguel con su estatua del dragón, de la catedral de Múnich con la huella de la pisada del diablo, del nuevo Ayuntamiento, del Palacio de Justicia… para terminar a las cinco en punto en la Marientplatz, preparados para escuchar la música y ver bailar a los personajes del carrillón
Si no os lo creéis podéis entrar en la webcam de la Marientplatz (https://acortar.link/z379MV) y buscarnos. Estábamos por ahí en torno a las cinco y cuarto y en torno a las 8 de la tarde.
Desde ahí nos fuimos caminando hasta el jardín inglés, hacía frío y con un poquito de lluvia, y aún así, nos encontramos al menos a diez surfistas en la ola artificial Eisbachwelle. Una atracción sorprendente y entretenida.
No eran las 6, pero con el cielo cubierto y el jardín con pocas farolas, nos disuadió de pasear hasta el Biergarden Chinese. Teníamos al lado un parque de columpios y pudimos comprobar que con catorce quince y dieciséis años todos siguen sabiendo disfrutar como niños (como lo que son).
Lo que nos jugó una mala pasada fue el horario alemán porque cuando a las 6:30pm intentamos buscar un puesto para comernos las salchicha solo encontramos un puesto de bocadillos de pescado. No tuvieron gran acogida, y la mayoría de los chavales se fueron a cenar a un burger.

Ya desde el hotel con todos duchados y haciendo un poquito de sueño en la sala común nos despedimos hasta mañana.

Corresponsales VESAN en Munich