Es tradicional ya en 2º de la ESO y nuestros alumnos lo esperan. Nada mejor que dedicar una clase a uno de los juegos tradicionales que compartían niños y niñas romanos en la calle: la musca aenea (mosca de bronce). Unidos de la mano en círculo, uno de ellos, con los ojos vendados, atrapa la “musca aenea”, es decir, otro compañero cuya identidad debe adivinar. Pero hay dos normas: no pueden soltarse de las manos ni fallar al decir el nombre del compañero cuando lo atrapan, es eliminación directa. Eso resulta en contorsiones, risas, algún que otro grito y 55 minutos de diversión, además de un aprendizaje significativo. ¿Olvidarán el nombre del juego y hace cuánto tiempo se jugaba? Creo que no. Y, con el buen tiempo, jugaremos al “Ostrakinda”, esta vez, de los griegos. ¿Quién dijo que la historia es aburrida?