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Sierra Leona, siempre en mi corazón

Parece que fue ayer cuando le dije a Fernando M.: “Quiero hacer un voluntariado con ARCORES el próximo verano.” El destino aún era incierto, hasta que un día, por los pasillos del colegio, me dijo: “He pensado en que vayáis a Sierra Leona.” Se me abrieron los ojos como platos: “¿En serio?”

En ese momento se me pasaron mil cosas por la cabeza, pero solo una persona vino a mi mente: José Luis Garayoa.

Él siempre fue un referente e inspiración para mí. Recuerdo sus charlas en el salón rojo del colegio San Agustín cuando yo aún era alumna. Su alegría, su fuerza y su generosidad lo impulsaron a construir las primeras escuelas en Sierra Leona. Y ahora, aquí estoy yo, viendo con mis propios ojos parte de lo que él hizo y que ARCORES sigue manteniendo con tanto amor y entrega.

Los miedos antes de llegar a África eran muchos: el idioma, cómo desenvolverme, si sería capaz de llegar a los niños y a las personas… Pero se esfumaron en cuanto puse un pie en Kamalo. Nos recibieron Father Jv y las chicas de la boarding school con abrazos y sonrisas, a pesar de no conocernos. Nos ofrecieron sus manos, su generosidad y su hogar.

Durante las mañanas dimos charlas sobre primeros auxilios básicos y prevención de enfermedades a niños y adultos en varios colegios. Por las tardes, la summer school nos regalaba momentos de aprendizaje, diversión y cercanía: clases sobre anatomía del cuerpo humano, el sistema solar, dibujo, deporte, baile… También visitamos a las familias de algunas chicas de la boarding school, que siempre nos recibieron con los brazos abiertos y con un plato de comida, aunque ellos lo necesitaran más que nosotros.

En la misión de Kamalo viven 12 niñas de secundaria para poder acudir con regularidad al colegio. Imaginad tener que caminar dos o tres horas cada día solo para llegar a clase, y otras tantas para volver… Pues es lo que ocurriría si no tuviesen esta valiosa oportunidad.

La despedida, tras dos semanas, fue dura. Lágrimas y abrazos con estas chicas tan divertidas, alegres y cariñosas… Nunca las olvidaré.

Ecuador del viaje: rumbo a Kamabai, donde pasaríamos las últimas dos semanas. Aquí fue donde vivió tantos años Garayoa, a quien todos recuerdan con cariño y llaman grandpa. Como para olvidarle…

En Kamabai, rodeados de montañas que no te cansas de mirar, nos recibieron Father Peding y los voluntarios que colaboran con la misión. Con ellos hemos compartido historias, risas y ayuda mutua. Visitamos varias aldeas para inaugurar pozos recién construidos junto a las escuelas, y allí también dimos charlas sobre primeros auxilios a niños y adultos. Por las tardes, enseñamos nociones básicas de informática a los voluntarios, que empezarán a usar ordenadores el próximo curso en el colegio.

El tiempo ha sido breve, como siempre lo es cuando sientes que aún queda tanto por hacer. No sé si hemos conseguido aportarles algo valioso… pero yo sí me llevo muchísimo.

En Sierra Leona he aprendido lo que es recibir sin condiciones: abrazos sinceros, sonrisas que desarman y miradas que hablan antes que las palabras. Ese lenguaje universal que nos une más allá de todo.

Agradecida y feliz, vuelvo a España con el corazón lleno.

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